El joven soldado viajaba con la ilusión de casarse días después y hoy es recordado por su familia como un joven comprometido con su hogar.



A medida que avanzan las labores de verificación y se consolidan los reportes oficiales, continúan saliendo a la luz nuevas historias humanas detrás del trágico accidente del avión Hércules de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, ocurrido el pasado lunes 23 de marzo en zona rural del municipio de Puerto Leguízamo, Putumayo.

De acuerdo con el más reciente balance entregado por el Ministerio de Defensa, la emergencia deja hasta el momento 67 personas fallecidas: seis integrantes de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, 59 del Ejército Nacional y dos miembros de la Policía Nacional. El siniestro, que ha generado conmoción en todo el país, sigue siendo objeto de investigación por parte de las autoridades competentes, que buscan esclarecer las causas de la caída de la aeronave.

Entre las víctimas se encuentra el soldado profesional Alejandro José Ramírez Mejía, de 25 años, cuya historia ha tocado profundamente a familiares, amigos y a la opinión pública. Nacido en la ciudad de Valledupar y criado en el municipio de Fonseca, en La Guajira, el joven militar había sido reportado inicialmente como desaparecido. Sin embargo, en las últimas horas  se confirmó su fallecimiento, aumentando el dolor de sus seres queridos.

Ramírez Mejía hacía parte de los 128 ocupantes que se movilizaban en el avión con destino a Bogotá. Su viaje tenía además un significado especial: había solicitado permiso para recoger algunas pertenencias y posteriormente trasladarse a Riohacha, donde tenía previsto contraer matrimonio por la iglesia católica este jueves 26 de marzo con Ivanna Molina, su compañera sentimental y madre de sus dos hijos.

Según relataron allegados a medios locales, la última comunicación del soldado con su pareja estuvo cargada de cotidianidad y esperanza. “Negra, ya te llamo que voy a subir las cosas al avión”, fueron sus palabras minutos antes del despegue, sin imaginar que sería su despedida.

El joven, conocido cariñosamente como ‘El Mono’, llevaba cerca de dos años al servicio del Ejército Nacional. Quienes lo conocieron coinciden en que veía en la institución una oportunidad para construir un mejor futuro para su familia, especialmente para sus dos hijos, de 5 y 2 años, a quienes dedicaba gran parte de sus esfuerzos.

Familiares y amigos han comenzado a rendirle homenaje a través de redes sociales, recordando su alegría, compromiso y los momentos recientes que compartió con ellos durante una visita a su tierra. Imágenes y mensajes cargados de nostalgia reflejan el profundo vacío que deja su partida.

Mientras tanto, Colombia permanece atenta a los resultados de las investigaciones que permitan esclarecer lo ocurrido en este accidente aéreo, una tragedia que no solo enluta a las Fuerzas Militares, sino también a decenas de familias que hoy lloran la pérdida de sus seres queridos.

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