En la misa del Domingo de Ramos, el máximo jerarca de la iglesia católica pronunció una homilía marcada por un fuerte mensaje de paz y una denuncia directa de la violencia.



El Papa León XIV inicia su primera Semana Santa como Pontífice marcando distancia frente al lenguaje de los poderes globales que apelan a lo religioso para legitimar los conflictos armados.

En este Domingo de Ramos, el primero desde su elección como sucesor de Pedro, Robert Prevost enfatiza desde Roma que “Dios es amor”, insiste en que “rechaza la guerra y la violencia” y recuerda que “Jesús no tomó las armas, no se defendió ni promovió enfrentamientos”.

Aunque el mensaje se presenta en un contexto litúrgico, el Pontífice, con un papel también geopolítico orientado a la paz, cuestiona las narrativas de las potencias que invocan lo divino para justificar la muerte: “No se puede utilizar a Dios para justificar la guerra”.

El Dios cristiano, reiteró Robert Prevost, “rechaza la guerra y nadie puede invocarlo para legitimar el conflicto”. “En su último clamor”, el de Jesús, “dirigido al Padre, se oye el llanto de quienes están abatidos, de quienes han perdido la esperanza, de los enfermos y de los que viven en soledad. Y, sobre todo, se percibe el dolor de cada persona oprimida por la violencia y de cada víctima de la guerra”. Elevando incluso el tono de su voz, el Pontífice fue enfático: “¡Dios es amor! ¡Tengan compasión! ¡Depongan las armas y recuerden que son hermanos!”.

“Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, rey de la paz, que rechaza la guerra y no puede ser usado para justificarla”, afirmó León. “No atiende las oraciones de quienes promueven la guerra, sino que las rechaza”, añadió desde la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.

Las armas, recordó el Pontífice, no tenían cabida ni siquiera para defender a Jesús en Jerusalén, quien dijo: “guarda tu espada, porque quien a hierro mata a hierro muere”, cuando uno de sus discípulos intentó protegerlo. “Jesús no se armó, no se defendió ni impulsó guerras. Mostró el rostro humilde de Dios, que rechaza la violencia y, en lugar de salvarse a sí mismo, aceptó la cruz para abrazar todas las cruces levantadas a lo largo de la historia”, señaló el Papa León XIV.

“Cerca de Oriente Próximo”

Durante el Ángelus de este Domingo de Ramos, León XIV afirmó que “con nuestra oración estamos más cerca que nunca de los cristianos de Oriente Próximo, que padecen las consecuencias de un conflicto devastador y, en muchos casos, no pueden vivir plenamente estos días de Semana Santa”. “No podemos olvidar”, insistió el Papa, “a quienes hoy comparten ese sufrimiento de manera directa”. El Santo Padre también pidió orar “por todos los migrantes que han muerto en el mar, especialmente por aquellos que han perdido la vida en los últimos días frente a las costas de la isla de Creta”.

Minutos antes, en la misa de Domingo de Ramos, celebrada en la Basílica de San Pedro en un contexto mundial marcado por la violencia, el Santo Padre recordó en su homilía la figura de Jesús como “Rey de la paz”, en contraste con un entorno que “se prepara para la guerra”. Mientras “otros se agitan en la violencia”, Jesús “permanece firme en la mansedumbre”, como “una caricia para la humanidad”, frente a quienes “empuñan espadas y palos”.

Tendiendo un puente entre el ámbito secular y el religioso, como líder de la Iglesia Católica, Robert Prevost subrayó a Jesús como símbolo para “reconciliar al mundo” y “derribar todos los muros que nos separan de Dios y de los demás”. La imagen pacífica del Mesías cristiano, explicó el Santo Padre, se refleja en la forma en que Jesús entra en Jerusalén, “no sobre un caballo”, sino “montado en un asno”.

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