La desconexión total del puerto con el interior del país agrava la situación de miles de damnificados. Líderes sociales denuncian una respuesta gubernamental insuficiente y exigen soluciones de fondo ante la histórica precariedad estatal en el Pacífico.
El sismo de magnitud 7,4 registrado en el suroccidente de Colombia el pasado 10 de agosto profundizó la desigualdad social y dejó en evidencia los problemas estructurales en educación, salud, vivienda y servicios básicos en el puerto de Buenaventura, departamento del Valle del Cauca. A más de una semana del movimiento telúrico, la población damnificada exige atención gubernamental urgente ante la pérdida total de sus bienes.
Tras superar una compleja travesía por las deterioradas carreteras de acceso a Buenaventura, el equipo periodístico de teleSUR constató la magnitud del desastre en los barrios El Campín y Rockefeller. Las secuelas del movimiento telúrico se agudizan en El Campín, donde sus habitantes sobreviven en la penumbra al no contar con servicio de energía eléctrica.
«Perdí absolutamente todo, mi casa colapsó. Yo me quedé solamente con lo que tenía puesto y mi hijo en mis brazos. Queremos que nos ayuden de verdad, queremos ayuda del gobierno», exigió una habitante damnificada que pasa las noches a la intemperie junto a otros vecinos.
El panorama en el barrio Rockefeller muestra devastación masiva en las viviendas y estructuras que generan incertidumbre por el riesgo inminente de desplome sobre las residencias aledañas. La gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, confirmó la destrucción de entre 60 y 70 casas colapsadas totalmente en determinados puntos de la localidad.
Las cifras oficiales indican un balance de 26 personas fallecidas, 1.150 familias damnificadas para un total de 55.000 personas afectadas, y 1.100 viviendas totalmente destruidas. Los ciudadanos duermen en la vía pública mientras reportan que varios niños han comenzado a enfermarse por la falta de refugio.
El hospital más importante de Buenaventura colapsó en su capacidad operativa, viéndose obligado a improvisar la atención médica en las zonas exteriores. Ante esta emergencia sanitaria, la exvicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, detalló las gestiones para el envío de insumos médicos con la Secretaría de Salud.
«Buenaventura nos necesita, el Chocó nos necesita, Colombia nos necesita, así que hago un llamado a todos, a la comunidad internacional para que se solidarice con nuestro pueblo y nos ayuden», expresó Márquez, emitiendo un pronunciamiento de auxilio ante la situación.
Las zonas deprimidas registran pérdidas totales. En el barrio La Ruñidera, 800 familias quedaron en la ruina. María Hungría, damnificada del sector, manifestó su consternación por la pobreza absoluta y la destrucción: «Las casas se están cayendo, gente que ha quedado en la calle, no tienen dónde dormir. Tuve que salir hoy de la casa porque está que se va al patio, la casa está para caerse».
La actividad comercial portuaria y el flujo de pasajeros en el muelle turístico hacia los diferentes destinos del municipio comenzaron a reactivarse hacia el fin de semana. El sector de La Frontera, zona históricamente estigmatizada, presenta necesidades absolutas tras el sismo.
El presidente Abelardo de la Espriella llegó a Buenaventura el domingo pasado y prometió una transformación para el territorio. «Esa historia acabó. Buenaventura no será más la tierra del olvido. Vamos a recuperar la seguridad como corresponde con el imperio de la ley, con la fuerza de las armas y las leyes de la República» aseguró.
El jefe de Estado prometió recuperar el sistema de salud, resolver la deuda histórica del acueducto a través del Ministerio de Vivienda y garantizar oportunidades mediante la gestión del «gobierno del Tigre»
La emergencia de 90 segundos agudizó una crisis estructural preexistente en el principal puerto marítimo de Colombia, nodo logístico por donde entra y sale el 60 por ciento de las mercancías del país, pero cuya población local carece de servicios públicos básicos complementarios.
Ante la falta de una respuesta oportuna por parte del Estado y el malestar generalizado por anuncios oficiales sin presupuesto claro, la sociedad civil organizada, comunidades y figuras del ámbito cultural han asumido el liderazgo de la asistencia humanitaria en los territorios más golpeados.
Un ejemplo concreto es el de la artista Shakira, quien, mediante su Fundación Pies Descalzos y en alianza con fondos filantrópicos internacionales, anunció de manera oficial el compromiso de construir 10 escuelas en el vecino departamento del Chocó para responder a los daños viales y educativos provocados por el movimiento telúrico.

