Tras el paro armado establecido por las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada, el mandatario encabezó un consejo extraordinario de seguridad en Santa Marta, mostrándose en las calles portando una pistola en la cintura.
El presidente Abelardo de la Espriella caminó por varios sectores de Santa Marta con una aparente pistola en la cintura, en medio de la militarización ordenada por el Gobierno ante las amenazas de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada.
La imagen del presidente Abelardo de la Espriella recorriendo calles de Santa Marta con un arma visible en la cintura abrió una nueva controversia política y jurídica en Colombia. El hecho ocurrió durante la noche del martes 22 de septiembre de 2026, luego de que el mandatario ordenara reforzar la presencia de la Fuerza Pública en la capital del Magdalena por las amenazas de un paro armado atribuido a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, ACSN.
Durante el recorrido, De la Espriella estuvo acompañado por su esquema de seguridad, integrantes de la Policía Nacional y miembros de la Primera División del Ejército. En videos difundidos en redes sociales se le observa caminando por distintos puntos de la ciudad, usando un radio de comunicaciones y con un objeto similar a una pistola en el cinturón.
El desplazamiento se produjo en medio de la estrategia del Gobierno para recuperar el control territorial en Santa Marta y otros sectores del Magdalena, tras hechos de violencia y amenazas contra la población civil. Desde la ciudad, el jefe de Estado lanzó un mensaje directo a las estructuras armadas con presencia en la Sierra Nevada y aseguró que el Estado no retrocederá frente a sus intimidaciones.
La escena generó reacciones divididas. Para algunos sectores, la presencia del mandatario en la calle junto a uniformados representa una muestra de autoridad frente a los grupos criminales. Para otros, la imagen de un presidente civil portando un arma durante una actividad pública envía un mensaje riesgoso y refuerza una narrativa de confrontación armada.
Uno de los puntos centrales del debate es si el presidente puede portar personalmente un arma de fuego. La Constitución establece que el jefe de Estado dirige la Fuerza Pública y actúa como comandante supremo de las Fuerzas Armadas; sin embargo, el régimen de porte de armas para particulares está regulado por el Decreto 2535 de 1993, que exige permisos de tenencia o porte para cada arma de fuego.
Esa norma señala que el permiso de porte autoriza a su titular a llevar consigo un arma, pero no establece una excepción automática por el cargo presidencial. Por eso, la legalidad del arma que llevaba De la Espriella dependería de que estuviera amparada por una autorización vigente expedida por la autoridad competente.
De acuerdo con información publicada por Cambio, el arma que portaba el mandatario sería una Glock 19 Gen5, una pistola semiautomática calibre 9 milímetros. El mismo medio indicó que no correspondería a una pistola de dotación de los uniformados que lo acompañaban, sino que sería de uso personal del presidente.
La discusión también se produce pocos días después de que el Gobierno anunciara el levantamiento de la suspensión general de los permisos para el porte de armas de fuego en Colombia. Según la Presidencia, la medida no implica un porte libre o indiscriminado, sino que mantiene los requisitos, controles y autorizaciones correspondientes.
Por ahora, la polémica continúa concentrada en dos aspectos: el mensaje político que transmite un presidente armado durante un operativo de seguridad y la condición jurídica específica del arma que llevaba en Santa Marta. Mientras tanto, el Gobierno insiste en que mantendrá las operaciones contra las estructuras armadas que buscan ejercer control sobre la población en la Sierra Nevada y el Magdalena.

