Mujeres, negros, indígenas o el colectivo LGTBIQ+ recuerdan los cuatro años del patriarca ultraderechista y temen una regresión en derechos y políticas públicas.


La posibilidad de un nuevo Gobierno bolsonarista despierta inquietud entre brasileños que ven amenazados sus derechos y oportunidades. Ante la primera vuelta de las elecciones generales, prevista para este domingo, personas LGTBIQ+, profesionales de la salud, beneficiarios de las cuotas universitarias y comunidades indígenas siguen con preocupación la candidatura de Flávio Bolsonaro. El resultado, advierten, puede afectar tanto la continuidad de programas sociales como el rumbo de la justicia y la protección de los territorios.

Esa tensión se percibe en Queerioca, un centro cultural de Río de Janeiro convertido en punto de encuentro de la diversidad. Durante la noche del sábado, la casa de tres plantas, iluminada con los colores del arcoíris, contrasta con las oficinas cerradas y las calles oscuras del distrito financiero. Afuera, los asistentes conversan alrededor de mesas y de un sofá instalado en plena vía. Hay música de un DJ, risas y caipiriñas, pero también camisetas con la imagen del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Las actrices Laura Castro y Cristina Flores, fundadoras del espacio, son pareja y madres de cuatro hijos. Disfrutan del proyecto, aunque reconocen que siguen las encuestas con nerviosismo y temen desenlaces que antes consideraban inimaginables. La casa nació para reunir a la comunidad LGTBIQ+ mediante presentaciones de libros, exposiciones, debates, ciclos de cine y fiestas de ballroom. Su nueva sede fue inaugurada pocos días antes, en el marco de la marcha nacional trans y travesti, con una destacada presencia de representantes políticos del colectivo.

Para Castro, una victoria de Flávio incrementaría la responsabilidad de mantener abierto ese lugar de resistencia. El centro deberá continuar, insiste, cualquiera que sea el resultado. Hasta hace poco, el inmueble funcionaba como prostíbulo. Ahora, el colchón y el pequeño baño con ducha de la última planta se destinan a residencias artísticas. Flores plantea, entre la broma y la preocupación, que podrían convertir la casa en un búnker si llegara a ser necesario.

La fragilidad de los derechos familiares es su mayor inquietud. Castro recuerda los casos de Italia, bajo el Gobierno de Giorgia Meloni, en los que se retiraron de partidas de nacimiento los nombres de madres no biológicas. Imaginar algo parecido con sus hijos le resulta especialmente angustiante. Ese miedo al retroceso atraviesa también a otras personas de sexualidades disidentes en Brasil.

Buena parte de esas garantías se ha consolidado por la vía judicial. Las uniones entre personas del mismo sexo fueron reconocidas en 2011, y los avances en matrimonio y adopción también se apoyan en decisiones de los tribunales. La penalización de la homofobia llegó mediante una decisión que la equiparó al racismo. El creciente conservadurismo del Congreso alimenta el temor de que no haya respaldo legislativo suficiente para afianzar esos derechos.

La elección del Senado resulta clave porque esa cámara aprueba los nombramientos del Tribunal Supremo. Si Flávio alcanza la Presidencia y el bolsonarismo obtiene el control de la Cámara alta, podría facilitar la incorporación de jueces conservadores. Persiste el recuerdo de Jair Bolsonaro, que nombró a un magistrado al que describió como “terriblemente evangélico”. Así, la disputa electoral también puede influir en el futuro de la máxima corte.

Felipe Vianna y João Tonhá observan ese panorama desde la salud pública. Además de ser pareja, ambos se formaron en la educación estatal y trabajan en el sistema sanitario. Tonhá es médico de familia, se especializa en la atención a pacientes LGTBIQ+ y forma a profesionales de Más Médicos, que lleva personal a regiones aisladas. El impacto sufrido por el programa durante el Gobierno de Jair Bolsonaro, cuando salieron los médicos cubanos que integraban gran parte de sus equipos, sigue presente en su memoria. Teme que nuevamente se pierdan los esfuerzos realizados.

En los últimos cuatro años, el número de médicos en comunidades remotas y barrios periféricos se duplicó hasta superar los 26.000. Tonhá advierte que los gobiernos de extrema derecha suelen desmontar las estructuras estatales construidas desde perspectivas progresistas.

Vianna, un reconocido otorrinolaringólogo negro de origen humilde, llegó a la universidad pública gracias a becas y a las cuotas para estudiantes de bajos ingresos, negros o procedentes de escuelas públicas. La política, vigente desde hace 14 años, se afianzó tras las controversias iniciales y cambió instituciones antes reservadas a la élite blanca. Su trayectoria ilustra el mensaje habitual de Lula sobre los hijos de empleadas domésticas que logran convertirse en doctores. Sin embargo, Vianna rechaza las explicaciones basadas únicamente en el mérito: sin políticas públicas, sostiene, no habría alcanzado ese éxito.

Los antecedentes refuerzan su preocupación. Como senador, Flávio Bolsonaro planteó eliminar los cupos reservados para personas negras y con discapacidad. En Santa Catarina, uno de los estados con mayor respaldo al bolsonarismo, el Gobierno regional intentó prohibir ese sistema en sus universidades, pero el Supremo frenó la medida. Frente a quienes destacan únicamente su esfuerzo personal, Vianna insiste en reconocer las oportunidades institucionales que hicieron posible su formación y su carrera profesional.

También Janaína Peclat teme por la continuidad de esas políticas. La abogada laboralista, negra y primera universitaria de su familia, estudió gracias al sistema de cuotas. Lamenta que el programa de Flávio Bolsonaro carezca de propuestas concretas para combatir el racismo. Después de que el movimiento negro lograra situar su dimensión estructural en la agenda política, le preocupa un regreso a la idea de democracia racial. Ese discurso presenta un país imaginario de convivencia armónica entre indígenas, blancos y negros, donde el mestizaje sirve para invisibilizar las desigualdades que persisten. A su juicio, omitir el problema supondría relegar nuevamente una discusión conquistada tras años de organización y movilización social.

Peclat teme además el retorno de Jair Bolsonaro a la escena pública, con los insultos a periodistas y las burlas a las víctimas de la covid-19 que marcaron su actuación. El expresidente cumple una condena de 27 años en prisión domiciliaria por golpismo. Lleva meses fuera del foco mediático, pero la abogada considera que un triunfo familiar facilitaría su recuperación de influencia política. Cree que, si Flávio gana, buscará indultarlo junto con los demás condenados. Incluso considera que el hijo podría ser más perjudicial para Brasil: aunque resulta menos estridente que su padre, le atribuye vínculos con negocios relacionados con las milicias y con Estados Unidos.

En los territorios rurales, defensores ambientales y pueblos indígenas expresan temores similares. Les preocupa que la cercanía de Flávio Bolsonaro con los sectores agrícola y ganadero, sumada a su disposición a atender la demanda de tierras raras y minerales críticos de la Administración Trump, acelere la explotación de la tierra. También ven amenazados los avances de los últimos cuatro años contra la deforestación. El senador ya adelantó su rechazo a nuevas demarcaciones indígenas, en sintonía con lo que defendía su padre. Su postura es que, si dependiera de él, no habría reconocimiento de nuevos territorios para los pueblos originarios.

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