La ejecución de Nidal Malik Hasan, autor de una matanza en la base de Fort Hood, Texas, sería la primera del Ejército desde 1961.
El presidente estadounidense, Donald Trump, aprobó que Nidal Malik Hasan, antiguo psiquiatra del Ejército, sea ejecutado por fusilamiento. Hasan fue condenado por matar a 13 personas y herir a otras 32 durante un tiroteo ocurrido en 2009 en una base militar de Texas. Si la sentencia se cumple, sería la primera ejecución militar en Estados Unidos desde 1961. El Pentágono aún no ha anunciado la fecha ni el lugar.
Un portavoz del Departamento de Defensa señaló que Pete Hegseth, secretario de esa cartera, propuso el pelotón de fusilamiento como método y recibió la aprobación de Trump. Sean Parnell, vocero del secretario, escribió en X: “El día del juicio para Hasan finalmente ha llegado”.
Hasan, nacido en Estados Unidos y de origen musulmán, fue condenado a muerte en 2013 por un tribunal militar por el ataque perpetrado en noviembre de 2009 en Fort Hood. En esa base se realizaban evaluaciones médicas a los soldados antes de sus despliegues en el extranjero. Según testimonios del juicio, Hasan gritó “Allahu akbar” (“Dios es grande”) y abrió fuego con una pistola semiautomática equipada con mira láser.
Entre las víctimas mortales hubo 12 militares en servicio y un militar retirado que trabajaba como civil en la base.
Durante el consejo de guerra, Hasan se representó a sí mismo y reconoció haber cometido el crimen. Dijo que había “cambiado de bando” y que quería defender a los talibanes en Afganistán. Antes del tiroteo trabajó durante años en el hospital militar Walter Reed, en Washington, donde atendía a veteranos que volvían de Irak y Afganistán con estrés postraumático. Fue trasladado a Fort Hood pocos meses antes del ataque. Familiares y compañeros afirmaron que intentaba evitar un despliegue en Afganistán.
Desde que fue condenado, Hasan permanece en la prisión militar de Fort Leavenworth, en Kansas. En marzo del año pasado, el Tribunal Supremo rechazó una petición para revisar el caso.
De concretarse la ejecución, sería la primera realizada por las Fuerzas Armadas estadounidenses desde 1961. Ese año, el soldado John A. Bennett fue ahorcado tras ser condenado por violación e intento de asesinato.
En 2008, el entonces presidente George W. Bush también aprobó la ejecución de Ronald Gray, un militar condenado por asesinatos y violaciones. Sin embargo, un tribunal federal suspendió el procedimiento.
Los registros del Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, por sus siglas en inglés) indican que el último fusilamiento militar ocurrió en noviembre de 1945. Desde 1976, seis civiles han sido ejecutados por ese método en Estados Unidos: tres en Utah y tres en Carolina del Sur, estas últimas el año pasado. Actualmente, solo cinco estados lo permiten: Idaho, Misisipi, Oklahoma, Utah y Carolina del Sur.
La administración Trump ha impulsado un uso más amplio de la pena capital. En abril, el Departamento de Justicia ordenó retomar la inyección letal con pentobarbital y ampliar los métodos de ejecución disponibles para el Gobierno federal, incluido el fusilamiento. La directriz corresponde al sistema civil federal, diferente del tribunal militar que juzgó a Hasan.
El anuncio se produce pocos días después de un intento fallido de ejecución en Tennessee, que volvió a poner bajo debate el uso de la inyección letal.
El 30 de septiembre, Christa Pike, de 50 años, recibió dos dosis de pentobarbital y fue trasladada a un hospital. Según documentos judiciales, seguía con vida en estado crítico y conectada a un respirador. Pike fue condenada a muerte por asesinar en 1995 a una compañera de estudios de 19 años, cuando ella tenía 18. Su ejecución habría sido la primera de una mujer en Tennessee en más de dos siglos.
Expertos consultados por varios medios de comunicación señalaron que el pentobarbital pudo haberse filtrado hacia los tejidos que rodean la vena. Las autoridades no han ofrecido una explicación oficial de lo sucedido.

