Los casos se registran desde marzo y el fallecimiento más reciente ocurrió a finales de septiembre. Las familias afirman que aún permanecen cuatro recién nacidos contagiados.


Desde hace siete meses, la muerte de recién nacidos se repite en una misma sala de neonatología en Guadalajara, Jalisco. En la unidad de terapia intensiva, un brote atribuido a dos microorganismos ha dejado a por lo menos 18 mujeres sin sus hijos.

Algunas jamás se han encontrado frente a frente; otras se ubican por las fechas en que sus bebés ocuparon incubadoras contiguas. Hoy, sin embargo, comparten un chat de WhatsApp en el que se nombran “mamás en duelo”.

El caso más antiguo que identifican ocurrió en marzo. Según afirman, aún permanecen cuatro menores contagiados en el Hospital de Gineco Obstetricia del Centro Médico Nacional de Occidente, perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social en esa zona hospitalaria tapatía.

El trayecto hacia la UCI neonatal, ubicada en el segundo nivel, obliga a los familiares a pasar por dos canceles de vidrio, debajo de un letrero que señala neonatología. Después de presionar un botón aparece el filtro: carteles muestran el lavado correcto de manos y la forma de ponerse cofia y cubrebocas. También se exige ingresar sin relojes, pulseras, anillos ni objetos capaces de transportar gérmenes.

Los pacientes más graves quedan en un cuarto de unos 12 metros cuadrados, calcula Yuliana Guadalupe Vega Hernández, mamá de Dayana. En ese espacio se acomodan cerca de 10 incubadoras, unas casi pegadas a las otras. En la pieza contigua hay más recién nacidos. Las madres sostienen que esas reglas no siempre eran respetadas por quienes laboraban ahí. Carolina, nombre usado para proteger a una mujer que pidió anonimato, asegura que trabajadores entraban con teléfono y termo, y tocaban a varios bebés sin lavarse las manos entre uno y otro. Esa omisión, dice, les parecía especialmente grave dentro del área.

El relato de las familias coloca el inicio de la tragedia en Elías Miguel Escalante García. Nació el 14 de marzo y murió en esa misma unidad quince días más tarde. El deceso más reciente corresponde a Hannah Guadalupe Ochoa González, nacida el 9 de abril y fallecida el 28 de septiembre, cuando tenía cinco meses.

Por tratarse de un hospital de alta especialidad, muchos niños ya llegaban en condiciones frágiles: algunos por prematurez, otros por padecimientos que requerían atención compleja. Varios nacieron y murieron ahí; otros adquirieron la infección después de procedimientos médicos realizados dentro del hospital.

Valentina, la hija de Evangelina Barajas, no estaba internada de origen. Ya vivía con su familia y acudió al hospital por episodios epilépticos. Durante su estancia, cuenta su madre, le practicaron un cateterismo y después presentó fiebre; entonces le informaron que se había infectado dentro del propio nosocomio. Barajas dice que llegó buscando ayuda y salió sin su hija. La pérdida, afirma, la dejó rota: era su única niña y cada día extraña sus mejillas, su sonrisa y su olor. Afuera del hospital se encuentra con Fátima Pérez y Evelyn González. Las tres aseguran que no han recibido apoyo psicológico ni llamadas del IMSS. Pérez resume su exigencia en una idea: que respondan quienes, dicen, causaron el daño a sus familias afectadas.

Evelyn González, de 21 años, sabe poco de la Klebsiella pneumoniae y del hongo Candida albicans que aparecieron en el expediente de su hijo antes de morir hace nueve días; sólo entiende que son organismos capaces de lastimar gravemente a los recién nacidos. Carolina los llama un bicho que provoca infecciones y puede resistir medicamentos.

Rosa María Wong, profesora de la Facultad de Medicina de la UNAM, explica que estos microorganismos suelen encontrarse en ambientes hospitalarios y pueden colonizar la piel y el intestino de pacientes y trabajadores. Los nacimientos prematuros, las estancias largas y las intervenciones invasivas, como catéteres o sondas, elevan el riesgo en neonatos. La medida básica para cortar contagios, insiste, es que el personal sanitario se lave las manos de forma rigurosa antes y después de atenderlos en cada turno diario.

Las nueve mujeres entrevistadas coinciden en que la alarma creció cuando observaron que los contagios y las muertes se repetían. Carolina recuerda periodos en los que ninguna madre salía con su bebé en brazos. Aunque los certificados consignan causas distintas, las familias relatan cuadros parecidos: piel amarilla, ausencia de orina, daño hepático, riñones comprometidos, acumulación de líquido abdominal y, al final, choques sépticos. Quienes primero advirtieron un patrón y decidieron acudir a las autoridades fueron los padres de Elián, José Nayib y Anthony Jassiel. Ellos promueven una denuncia colectiva ante la Fiscalía General de la República. Otras familias han optado por procesos separados y algunas prefieren no denunciar por miedo, cansancio o silencio en este momento.

El registro armado por las madres va del 29 de marzo, fecha de la muerte de Elías, al 28 de septiembre, cuando falleció Hannah, apenas nueve días atrás. Elías Miguel Escalante García había nacido el 14 de marzo y murió quince días después. Luego aparecen Dayana, internada el 28 de mayo y fallecida el 4 de julio; Marcos Jassiel Baltasar Reynoso, nacido el 19 de junio y muerto el 22 de septiembre; Camila Sofía Bautista Flores, nacida el 10 de julio y fallecida el 9 de agosto; Hannah Valentina Reséndiz Barajas, ingresada el 3 de agosto y muerta un mes más tarde; Matías Bautista Saldaña, nacido el 3 de agosto y fallecido el 7 de septiembre; y Miriam, cuya muerte fue reportada el 14 de septiembre también ahí.

Hasta este miércoles, Carolina comparte la sala con otras tres madres. Una, que tiene gemelas, cuenta que sus hijas se han infectado y recuperado dos veces. El martes volvió a angustiarse porque una de ellas lucía demasiado amarilla. Después de la visita de las cuatro de la tarde, ambas comparan datos, síntomas y versiones médicas.

Carolina intenta tranquilizarla mientras comparte su propia noticia buena: espera que el lunes le den de alta a su bebé, aparentemente libre ya de Candida. Su otro hijo, gemelo del sobreviviente, murió. Por eso se aferra a salir, aunque sea con oxígeno. Asegura que no volverán nunca a ese mismo hospital.

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