El político e ingeniero, hijo del general Lázaro Cárdenas, fue jefe de Gobierno del Distrito Federal y abrió el camino del poder a la izquierda en el país.
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, líder histórico de la izquierda mexicana y precursor de la transición democrática del país, ha fallecido este miércoles a los 92 años de edad. Sin su figura no se entendería que la izquierda haya llegado al poder. Tanto la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, como el exmandatario Andrés Manuel López Obrador caminaron con Cárdenas en las luchas democráticas de los años ochenta, cuando el Ingeniero, como también se le conocía, rompió desde dentro el sistema de partido hegemónico del PRI y dio inicio a la transición.
“Un hombre de principios firmes, que transformó la vida política”, lo calificó la presidenta, Claudia Sheinbaum, para quien “su dignidad y convicción republicana quedan como un referente imprescindible para nuestra nación”. El exmandatario Andrés Manuel López Obrador, aseguró que “sin él, otra sería la realidad política del país. Fue un transformador; nos deja sus enseñanzas y los ideales que nunca mueren”. La noticia de su muerte provocó algo inusual en estos tiempos: la unidad del mundo político en torno a una figura que trascendió su espectro ideológico. Los expresidentes panistas, Vicente Fox y Felipe Calderón, y los dirigentes de todos los partidos, se han sumado a las condolencias.
Hay una imagen que ilustra la inmensa figura de Cárdenas. El político camina a las afueras del Auditorio Nacional buscando su vehículo. En el camino, conversa con Porfirio Muñoz Ledo sobre el deterioro que vive el país. Es mayo de 1986. Cárdenas es gobernador de Michoacán y Muñoz Ledo acaba de dejar la embajada de México en la ONU. Su encuentro ocurre al final de la XII Asamblea Nacional del PRI. Ellos no lo saben, pero ese encuentro casual marcará el inicio de la Corriente Democrática que, a la larga, se convertiría en la fractura más importante del régimen de partido de Estado que había gobernado desde los años 30, y en el hito fundacional de la izquierda mexicana.
A los pocos meses de esa plática, la Corriente Democrática se transformó en un proyecto presidencial que desafiaría al presidente Miguel de la Madrid y a su candidato Carlos Salinas de Gortari. Un año más tarde, la corriente se escindió del PRI y, en 1988, se convirtió en el Frente Democrático Nacional que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia. Desde entonces, el hijo del general Lázaro Cárdenas se convirtió en un referente para las fuerzas progresistas, que hoy, cuatro décadas después, lloran su muerte.
El ingeniero Cárdenas ha fallecido en octubre, justo el mes en el que la Corriente Democrática emitió su primer documento, hace 40 años, con una toma de postura de indudable actualidad: “nos mueve el reclamo de una sociedad que acusa signos de desesperanza. Nos preocupan las graves amenazas que se ciernen sobre la soberanía nacional”. Mientras los tecnócratas formados en universidades de Estados Unidos se hacían con la candidatura presidencial del PRI, la Corriente Democrática apelaba al proyecto histórico de la Revolución Mexicana y a las fuerzas sociales que dieron origen al partido tricolor. Sus anhelos, compartidos también por la maestra Ifigenia Martínez, ya no cabían en un PRI que abrazaba el Consenso de Washington, y ocurrió la fractura.
En las elecciones de 1988, Cárdenas logró aglutinar a los partidos de izquierda —legalizados apenas 10 años antes— y a las fuerzas sociales emergentes en un gran frente nacional. Su campaña acercó a la política electoral al movimientro estudiantil que en 1986 irrumpió en la UNAM —con Claudia Sheinbaum como una de sus protagonistas—; movilizó a campesinos y clases populares, y compitió voto a voto con el candidato del priismo, Carlos Salinas, cuya victoria siempre fue atribuida a una operación gubernamental: la caída del sistema informático, que permitió el cómputo de millones de votos inexistentes en favor del PRI, maniobrada por Manuel Bartlett Díaz, entonces secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral.
El fraude de 1988 es otro hito fundacional para la izquierda en México. Fue lo que animó a personajes como Andrés Manuel López Obrador —que en las elecciones del 6 de julio de 1988 aún era priista— a romper con el régimen. Con ese impulso, en 1989, Cárdenas y Muñoz Ledo encabezaron la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que durante 30 años fue la principal fuerza política de izquierda; que postuló dos veces más a Cárdenas a la Presidencia (en 1994 y 2000), y que en 1997 lo llevó a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, el primer y único triunfo electoral del Ingeniero.
Esa elección también fue un parteaguas, pues fue la que otorgó el derecho a elegir a su gobernante a los millones de habitantes de la capital del país. El gobierno de Cárdenas marcó el inicio de una etapa de casi 30 años de gobiernos progresistas en Ciudad de México, generando un alto contraste con las administraciones neoliberales de Ernesto Zedillo y Vicente Fox.
La tercera campaña presidencial de Cárdenas, en el año 2000, marcó otro hito, no por su triunfo, sino por la derrota del PRI a manos del candidato panista Vicente Fox, quien durante la campaña lo convocó varias veces a sumarse para derrotar al priista Francisco Labastida, en una estrategia de voto útil. En su libro de memorias, Sobre mis pasos (Aguilar, 2010), el Ingeniero recuerda que la noche de la jornada electoral había tristeza y tensión en el reducido grupo que lo acompañaba en el seguimiento de los resultados preliminares: Adolfo Gilly, Imanol Ordorika, Lucas de la Garza, su esposa Celeste y sus hijos Cuauhtémoc y Camila. Era la tercera y última derrota.
Aún así, decidió escribir unas líneas ponderando el valor histórico de aquel 2 de julio. “Hemos logrado algo muy importante. En esta elección se ha iniciado el desmantelamiento del régimen de partido de Estado”. Cárdenas animó a los suyos, recordándoles que la izquierda había hecho una contribución decisiva para la caída del PRI y pidiéndoles convertirse en la oposición más firme, efectiva y tenaz “al entreguismo, al neoliberalismo, al oscurantismo y a la improvisación”.
Semanas después, cuando Vicente Fox le propuso que notables miembros del PRD, como Rosario Robles o Alejandro Encinas, se sumaran a su Gobierno, Cárdenas respondió que, a nivel personal, dependía de ellos, pero que él no estaba de acuerdo. “El PRD hubiera perdido identidad y entrado en contradicción con sus principios”, explicó años más tarde. Decepcionado, el Ingeniero sostuvo siempre que el primer Gobierno de alternancia demostró que el “voto útil” no era más que un voto oportunista, ajeno a todo compromiso ideológico y programático.
El 2000 no solo significó la última cruzada de Cárdenas, sino el relevo en el liderazgo de la izquierda mexicana, que pasaría a manos de Andrés Manuel López Obrador, que en esos comicios ganó el Gobierno de Ciudad de México. El tabasqueño se convirtió en el nuevo referente de las fuerzas progresistas y en el principal antagonista del presidente Fox y, mientras él emergía, la figura de Cárdenas perdió protagonismo y presencia. Luego del desafuero de 2005 y las grandes movilizaciones en contra de esa maniobra de Fox y el PAN, López Obrador se convirtió en el candidato inevitable del PRD a la Presidencia, y Cárdenas se hizo a un lado; desistió de su intención de encabezar una cuarta campaña y, meses después, decidió no apoyar a López Obrador, con quien ya tenía serias diferencias.
En junio, Cárdenas apareció en un evento público con funcionarios del Gobierno panista, encabezando una comisión especial que prepararía la conmemoración del bicentenario de la Independencia de México, en 2010. El acto fue interpretado como una traición por los seguidores de López Obrador, a pesar de que Cárdenas se había reunido con él para preguntarle su opinión sobre la encomienda. Cárdenas fue juzgado por los miembros del partido que él había fundado, a quienes años después les dio una explicación: “no fue mi ausencia de la campaña lo que le hizo perder muchos puntos en las preferencias electorales; cuando él contaba con una clara mayoría del voto potencial (2005), yo no estaba impulsando su candidatura, sino la mía”.
Cárdenas no acompañó las protestas de López Obrador por el “fraude” de 2006 y, en cambio, apareció públicamente con Felipe Calderón en los preparativos del Bicentenario, cuando el panista ya era presidente. Su hijo, Lázaro Cárdenas Batel, era gobernador de Michoacán en 2006, cuando Calderón declaró, justo en ese Estado, la “guerra contra el narcotráfico”, que el Ingeniero evitó criticar en los primeros años. Tampoco acompañó la segunda campaña de López Obrador, en 2012, ni la fundación del Movimiento de Regeneración Nacional y el partido Morena, en 2014.
Ese año, sin embargo, Cárdenas tomó la misma decisión adoptada por AMLO, renunciar al PRD tras 25 años de militancia. Después, se dedicó a escribir sus memorias y una biografía de su padre, Lázaro Cárdenas del Río, que publicó en 2016. Ya en 2018, Cárdenas apoyó la tercera campaña de López Obrador y, después de la victoria, su hijo Lázaro se integró al equipo del tabasqueño como coordinador de asesores.
El Ingeniero se mantuvo al margen y evitó pronunciarse sobre las decisiones, el estilo de Gobierno o las polémicas de la Cuarta Transformación. En 2024, apoyó con más entusiasmo la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum, que lo visitó en Jiquilpan, Michoacán, en la casa del general Lázaro Cárdenas. La actual presidenta, formada en la apertura democrática liderada por Cárdenas, buscó su respaldo, consciente del capital político de los Cárdenas y el enorme simbolismo de su figura.
La noticia de su fallecimiento llega ocho meses después de que Sheinbaum lo nombrara presidente de una nueva comisión de Petróleos Mexicanos (Pemex) enfocada en el análisis estratégico del hidrocarburo. El cargo de Cárdenas en la petrolera estatal llegó casi como un símbolo: a sus entonces 91 años era el encargado de liderar un grupo de expertos para emitir opiniones y recomendaciones para la toma de decisiones en el interior de la petrolera. El anuncio se hizo el 18 de marzo, durante el aniversario de la expropiación petrolera, un proceso liderado por su padre, quien gobernó el país entre 1934 y 1940.
Entre los pocos pronunciamientos públicos recientes de Cuauhtémoc Cárdenas, hay dos que hoy cobran gran relevancia: uno por el fallecimiento de Porfirio Muñoz Ledo, el 9 de julio de 2023, y otro por la muerte de Ifigenia Martínez, en octubre de 2024. A ambos les reconoció su lucha y amistad, y sus aportaciones a la democracia. El Ingeniero solía recordar una cena en casa de Ifigenia, el 4 de julio de 1986, como la primera reunión formal de la Corriente Democrática. Años después, los tres se convertirían en pilares de la transición y en los grandes referentes de una izquierda que hoy es Gobierno. Cárdenas, el gran precursor, fue el último en marcharse.

