Varios habitantes de la zona en la que se presentó el hecho aprovecharon para gritarle al mandatario nacional que se fuera, lo que en efecto se produjo como una respuesta de su equipo de seguridad.
Lo que empezó como una jornada de exhibición de fuerza del Gobierno terminó con la caravana presidencial dando marcha atrás. El presidente Abelardo de la Espriella fue despedido de Cúcuta con abucheos, agua y tierra lanzados por un grupo de ciudadanos, en medio de una visita marcada por el deterioro del orden público en la capital de Norte de Santander.
Mientras una de las calles de la ciudad permanecía atiborrada de espectadores y con el tráfico represado, los vehículos de la caravana presidencial tuvieron que dar marcha atrás debido a los riesgos de seguridad que supone permanecer detenido.
El mandatario había llegado a Cúcuta en la madrugada para acompañar personalmente un despliegue contra el crimen organizado. La acción fue bautizada «Operación Némesis» y es la quinta redada contra estructuras urbanas a la que asiste el presidente De la Espriella. El balance oficial reportado por el propio mandatario fue de 109 capturados y 32 personas deportadas.
La visita se produjo pocos días después de una decisión de alto impacto: el 29 de octubre el presidente ordenó la militarización de Cúcuta por los recientes hechos de orden público, con un aumento de la presencia del Ejército Nacional y la Policía en la capital de Norte de Santander. En paralelo, el jefe de Estado activó la «Operación Esparta» y dio instrucciones al Ejército y la Policía de recuperar el control en el Catatumbo y poner fin a la violencia tanto en esa región como en Cúcuta.
El operativo de seguridad para la visita se había anunciado con antelación. La Alcaldía de Cúcuta expidió el Decreto 0400 del 2 de noviembre de 2026, mediante el cual estableció una serie de medidas de seguridad —entre ellas ley seca y restricciones de movilidad— con motivo de la llegada del presidente. No era el primer intento: una visita presidencial programada semanas antes había sido cancelada a última hora por cambios en la agenda del jefe de Estado.
La escena del martes contrasta con la que vivió el hoy presidente en campaña. En Norte de Santander, departamento fronterizo golpeado por la violencia, el candidato de la derecha cosechó el 76,56 % de los votos, uno de sus resultados más abrumadores en todo el país. Meses antes, Cúcuta se había volcado a las calles para recibirlo, con una gigantesca caravana y concentraciones masivas.
Esta vez el panorama fue distinto. La visita dejó la imagen de un presidente de odios y amores: la llegada estuvo marcada por el recibimiento de simpatizantes, pero la salida fue rechazada por algunos habitantes. El episodio quedó resumido en una frase que recorrió los medios locales: con tierra y agua «despidieron» a Abelardo de la Espriella de Cúcuta.
El malestar ciudadano no surge en el vacío. Cúcuta atraviesa una crisis de seguridad que la ha puesto bajo el asedio de los criminales, como una de las ciudades más peligrosas de Colombia, con el agravante de una economía fronteriza golpeada y una ciudadanía que esperaba resultados rápidos del Gobierno al que le entregó su respaldo mayoritario.
La pregunta que queda abierta no es si el presidente perdió a Cúcuta —las imágenes del martes muestran tanto aplausos como baldados de agua—, sino cuánto margen de paciencia le queda en una región que votó por él como quien vota por una solución inmediata.

