El traslado inesperado de seis funcionarios, cuatro de ellos de carrera diplomática, desató cuestionamientos contra el embajador Mauricio Gaona, quien rechazó los señalamientos en su contra.



La salida de seis empleados de la representación colombiana ante Naciones Unidas puso bajo cuestionamiento al embajador Mauricio Gaona. Tres personas consultadas por varios medios de comunicación del mundo describen un escenario de desconcierto en la delegación desde la llegada del abogado designado por el presidente Abelardo de la Espriella.

Los movimientos de personal fueron comunicados bajo el argumento oficial de responder a las necesidades del servicio. Entre quienes recibieron las notificaciones figuran cuatro integrantes de la carrera diplomática, algunos con una trayectoria de varias décadas en la Cancillería.

Por eso, Caracol Radio informó que, por fuera de las explicaciones formales, los cambios obedecerían a presuntos problemas de competencia que impedían a los funcionarios desarrollar adecuadamente sus tareas. Esa versión es controvertida por las fuentes diplomáticas entrevistadas por los periodistas internacionales, que solicitaron anonimato ante el riesgo de sufrir represalias.

La controversia motivó una intervención de Unidiplo, uno de los sindicatos más importantes del Ministerio de Relaciones Exteriores. La organización remitió una comunicación al Comité de Convivencia Laboral para solicitar que se examinen posibles actuaciones de abuso de poder y maltrato atribuidas al embajador, según reportó Caracol. Contactado telefónicamente, un representante sindical ratificó los señalamientos, pero prefirió no explicar sus fundamentos.

Subrayó, en cambio, que los puestos de la misión ante la ONU se cubren mediante una selección especialmente exigente. A su juicio, resulta contradictorio cuestionar la capacidad de profesionales con hasta dos décadas de experiencia después de observar su trabajo durante apenas una semana.

Aunque el documento no enumera episodios concretos, sí expresa inquietud por las relaciones laborales dentro de la oficina y reclama apoyo institucional para garantizar condiciones de trabajo dignas. Integrantes del sindicato afirman que las decisiones no respetaron el debido proceso y rechazan que se ponga en entredicho la preparación de personal altamente evaluado. La organización también considera que los cambios perjudican al país en un momento de particular responsabilidad por su participación en el Consejo de Seguridad. Su portavoz advierte que sería especialmente grave que los movimientos buscaran facilitar el ingreso de personas por afinidades políticas.

El inicio de la controversia se remonta a septiembre. Gaona tomó posesión el día 3, en una ceremonia en la que De la Espriella lo presentó como uno de los talentos más destacados que trabajarían para el Estado. Cinco días después se incorporó a la sede de la misión, en Nueva York. Antes de completar diez días en la oficina comenzaron a notificarse los traslados. Los afectados recibieron los avisos de manera individual, sin explicaciones adicionales, cuando se acercaba la Asamblea General de Naciones Unidas. Esa cita concentra una intensa actividad diplomática y multiplica los encuentros de las delegaciones con representantes de otros Gobiernos y actores del sector privado. Para uno de los diplomáticos consultados, la premura y la falta de justificación constituyeron un trato humillante hacia los funcionarios de carrera.

Las fuentes describen un deterioro del ambiente de trabajo desde entonces. Una de ellas sostiene que la incertidumbre sobre nuevas salidas mantiene paralizada a la oficina y ha erosionado la confianza en el jefe de misión. Otra asegura que, desde su presentación, Gaona marcó con dureza la distancia jerárquica y transmitió una actitud de desprecio hacia el equipo. Los destinos anunciados para los seis trabajadores fueron los consulados colombianos de Nueva York y Newark, salvo el caso de un funcionario con categoría de ministro plenipotenciario, que fue enviado a la embajada en Finlandia.

Los cambios coincidieron con una semana de fuertes cuestionamientos del Gobierno colombiano al sistema multilateral. Durante la Asamblea General, el vicepresidente José Manuel Restrepo intervino ante la plenaria con un discurso redactado por el presidente. Allí sostuvo que sus objeciones a Naciones Unidas respondían a razones políticas, institucionales y doctrinarias, y no a una reacción caprichosa. En campaña, De la Espriella había planteado incluso retirar a Colombia de la organización. Gaona descartó esa posibilidad en una entrevista publicada por El Tiempo a finales de septiembre, aunque explicó que el Ejecutivo estudiaba una revisión de su vínculo con el organismo.

Las fuentes diplomáticas sitúan los traslados, que alcanzan al 30% de la delegación, en ese contexto de distanciamiento con Naciones Unidas. También apuntan al interés del embajador por conformar un equipo de absoluta confianza. Una de ellas ironiza sobre el nivel de especialización que, según dice, pretende exigir Gaona a sus colaboradores.

Otra sospecha que las vacantes permitirían incorporar personas cercanas al jefe de misión y atribuye las decisiones a prácticas de favoritismo político. El malestar coincide con una inconformidad más amplia dentro del servicio exterior. Hasta octubre, De la Espriella había designado alrededor de veinte embajadores sin escoger a ningún funcionario de carrera. Este viernes, el mandatario anunció que seis diplomáticos recibirían responsabilidades al frente de embajadas y que otros cuatro continuarían dirigiendo sus respectivas misiones. El anuncio, sin embargo, no ha despejado las reservas de quienes dudan del compromiso expresado por la Cancillería de fortalecer la carrera diplomática.

Gaona descarta revertir las decisiones y rechaza haber actuado de manera indebida. En un intercambio de mensajes con este diario, asegura que su conducta ha sido íntegra y que los únicos factores considerados fueron el mérito y los requerimientos de la misión. También insiste en distinguir los traslados de los despidos: según su versión, los empleados fueron enviados a lugares cercanos y a destinos que ellos mismos habían solicitado.

Su objetivo, explica, es reunir al equipo con mayor preparación que haya tenido la representación colombiana ante Naciones Unidas. Busca especialistas en asuntos como inteligencia artificial y su regulación, derechos humanos, crisis climática y migración. Entre sus preferencias menciona a profesionales formados en universidades de reconocimiento internacional. Asimismo, niega que De la Espriella o el canciller Omar Bula hayan condicionado la composición del equipo mediante recomendaciones o cuotas políticas. Asegura que las decisiones no responden a relaciones de amistad.

Frente a los señalamientos de Unidiplo, el diplomático afirma que no hay ninguna denuncia, investigación o queja oficial en su contra por abuso de poder o maltrato. Una fuente de la Cancillería confirmó ese punto a los medios de comunicación. Gaona califica las acusaciones de irresponsables y carentes de fundamento, y advierte que defenderá su reputación frente a lo que considera afirmaciones difamatorias. El sindicato ofrece otra explicación sobre la ausencia de reclamaciones: sostiene que numerosos trabajadores optan por guardar silencio y soportar las dificultades porque, habitualmente, la respuesta recomendada después de denunciar consiste en cambiar de destino.

La polémica por el manejo del personal no es el único cuestionamiento que enfrenta. En una sesión del Consejo de Seguridad, Gaona afirmó que el acuerdo suscrito con las FARC en 2016 no podía presentarse como un ejemplo internacional. Para sustentar esa posición, aludió a los colombianos que han sufrido asesinatos, secuestros y extorsiones desde la firma del pacto.

La intervención provocó una respuesta del expresidente Juan Manuel Santos, galardonado con el Nobel de la Paz. Santos consideró que el embajador estaba equivocado y carecía de información suficiente, y atribuyó sus errores a la inexperiencia diplomática. El Espectador también cuestionó sus palabras en un editorial que reclamó reconocer con honestidad los aspectos positivos del proceso.

Pese a las críticas, Gaona mantiene su diagnóstico sobre la misión. Según explica, las reuniones de alto nivel de Naciones Unidas permitieron identificar las capacidades que faltan para ejercer una representación de mayor impacto, más que deficiencias individuales de los empleados. Asegura que las vacantes se cubrirán con los aspirantes mejor preparados y que ya examina las hojas de vida de varios funcionarios de carrera cuyas competencias se ajustan a las necesidades identificadas.

Además eeconoce que el servicio exterior colombiano dispone de profesionales excepcionales, pero insiste en que pretende seleccionar a los más capacitados. Su proyecto incluye ampliar el número de trabajadores antes de que Colombia asuma la presidencia rotativa del Consejo de Seguridad, prevista para octubre de 2027.

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