La decisión del presidente Donald Trump de enviar personal del ICE para apoyar los controles aeroportuarios desata polémica en medio del cierre gubernamental, retrasos masivos y trabajadores de la TSA sin salario.



El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado el despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en sus siglas inglesas; policía migratoria) en los aeropuertos del país este lunes para asistir al personal de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA, en sus siglas inglesas), que desde hace semanas no recibe su salario por el cierre parcial de la Administración desde mediados de febrero.

De la dirección del operativo, que intenta remediar el colapso en los principales aeródromos del país, con horas de espera para pasar los controles de seguridad, se hará cargo el zar de la frontera, Tom Homan. “El lunes, el ICE se dirigirá a los aeropuertos para ayudar a nuestros maravillosos agentes de la TSA que han permanecido en sus puestos”, es decir, trabajando sin sueldo, ha escrito el republicano en Truth Social este domingo. La víspera, Trump había amenazado con desplegar agentes del ICE en los aeropuertos el lunes si los demócratas del Congreso no accedían de inmediato a financiar la seguridad aeroportuaria, que corresponde al Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en sus siglas inglesas), afectado por el cierre.

Salvo una veintena de aeropuertos cuya seguridad está subcontratada a empresas privadas, la huelga de celo de muchos funcionarios de la TSA está provocando prolongados retrasos en el acceso de los viajeros a las instalaciones. Imágenes del aeropuerto de LaGuardia, uno de los tres que dan servicio a Nueva York, o el de Atlanta, un importante nudo del tráfico aéreo, muestran multitudes en los vestíbulos y, en algunos casos, acumulación de colas de varias horas que desbordan las terminales.

Los agentes del ICE no están específicamente capacitados para la seguridad aeroportuaria, ámbito que corresponde a la TSA, que cuenta con 65.000 empleados, incluidos 50.000 oficiales de seguridad aeroportuaria. El ICE desempeña un papel central en la campaña de represión migratoria de la Administración de Trump y está en el punto de mira de muchos demócratas, defensores de las libertades civiles y grupos de defensa de los derechos de los inmigrantes por su abuso, a veces criminal, de la fuerza. En enero, agentes del ICE mataron en Minneapolis a dos ciudadanos estadounidenses, Renee Good y Alex Pretti, cuando estos defendían a migrantes de la policía migratoria.

Sus muertes desataron una fuerte reacción adversa y llevaron a la Administración republicana a adoptar un enfoque supuestamente más selectivo. Este mes, Trump destituyó a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, en medio de las crecientes críticas a las tácticas empleadas en la ofensiva migratoria. A la espera de la confirmación de su sustituto, el senador Markwayne Mullin, un proyecto de ley de financiación del DHS se ha estancado en el Congreso porque los demócratas exigen cambios en la TSA a los que los republicanos se oponen.

Entre otros cambios figura la prohibición de que los agentes utilicen mascarillas, algo que los republicanos consideran que pondría en peligro a los agentes. El año pasado, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) denunció que la TSA había proporcionado listas de viajeros aeroportuarios al ICE, calificando dicha acción como una ruptura con las prácticas anteriores de la TSA.

Más del 10% de los empleados de la TSA han presentado bajas por enfermedad durante más de la mitad de los últimos siete días, informó el DHS en un comunicado el sábado. Más de 400 trabajadores han renunciado desde que comenzó el cierre parcial el 14 de febrero, según el comunicado, y se espera que las renuncias y las bajas por enfermedad aumenten “significativamente” si se prolonga el cierre. Trump publicó el sábado que el despliegue del ICE comenzaría el lunes “si los demócratas no permiten una Seguridad Justa y Adecuada en nuestros aeropuertos, y en otros lugares de todo nuestro país”.

Se prevé que el personal de la TSA deje de percibir su segundo cheque de pago completo este viernes como consecuencia del cierre. El magnate Elon Musk, antiguo socio de gobierno de Trump, se ofreció el sábado a cubrir los salarios de los trabajadores “durante este estancamiento presupuestario que está afectando negativamente las vidas de tantos estadounidenses en los aeropuertos de todo el país”.

El senador demócrata Richard Blumenthal criticó la propuesta de Trump de desplegar a la policía migratoria calificándola como “otra amenaza imprudente e ilegal de hacer un uso indebido de los agentes del ICE”. “Parece no tener noción alguna de cuáles son los límites del ICE, y creo que el pueblo estadounidense quedaría absolutamente consternado al ver a agentes del ICE deambulando por los aeropuertos, tal como han estado derribando puertas en los hogares” a la caza de migrantes, declaró Blumenthal el sábado en Washington.

Bennie Thompson, el demócrata de mayor rango en el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, afirmó en un comunicado que Trump estaba “fabricando caos en los aeropuertos para obtener rédito político” y que desplegar agentes del ICE en los puntos de control de viajeros introduciría una “herramienta del fascismo” en Estados Unidos.

El Departamento de Seguridad Nacional ha reasignado históricamente recursos entre sus agencias durante situaciones de emergencia por falta de personal, pero mantener operativa a la TSA sin pagar a sus empleados genera una sobrecarga para la agencia, además de que emplear a agentes del ICE en otras funciones distintas —y tan específicas como la seguridad aeroportuaria— puede resultar poco efectivo.

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