Estas aprehensiones se ejecutaron en la provincia de Esmeraldas, confimaron las autoridades de ese país.


En un escenario marcado por la creciente violencia y el narcotráfico, Ecuador ha intensificado sus operativos militares en la zona fronteriza con Colombia. Recientemente, el Ejército ecuatoriano llevó a cabo una exitosa operación en la provincia de Esmeraldas, donde fueron capturados nueve presuntos miembros del Frente Oliver Sinisterra, una disidencia que se separó del acuerdo de paz firmado en 2016 entre el Gobierno colombiano y las FARC. Esta estructura armada ha sido acusada de diversos delitos, incluyendo el secuestro y asesinato de un equipo periodístico del diario El Comercio de Quito en 2018, un suceso que conmocionó tanto a Ecuador como a Colombia.

El operativo militar, desarrollado en la costa noroccidental ecuatoriana, se centró en desmantelar una célula del grupo armado. Durante la intervención, las Fuerzas Armadas ecuatorianas confiscaron un arsenal que incluía cerca de 20 armas de largo alcance, entre ellas fusiles, además de aproximadamente 3.000 municiones de “alto poder”. Este importante hallazgo pone de relieve la magnitud del desafío que enfrenta el país en su lucha contra estas agrupaciones criminales que operan en las regiones limítrofes

La captura de los nueve individuos se produce en un contexto de creciente preocupación por la seguridad fronteriza. Solo días antes, alias Camilo, un ciudadano colombiano señalado como líder de una facción del Frente Oliver Sinisterra, fue detenido en Esmeraldas. Las autoridades ecuatorianas han vinculado esta disidencia con actividades de narcotráfico y minería ilegal, las cuales no solo afectan la seguridad del país sino que también impactan negativamente a las comunidades locales de la provincia de Esmeraldas.

A medida que Ecuador se enfrenta a un aumento alarmante en la violencia asociada a bandas criminales con conexiones internacionales, el Gobierno ha declarado la existencia de un conflicto interno desde 2024. En este contexto, tres disidencias de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) han sido clasificadas como “grupos armados organizados”, lo que refleja la preocupante consolidación de estos grupos en la región.

Simultáneamente, el operativo militar ocurre en un ambiente de tensiones diplomáticas y comerciales entre Ecuador y Colombia. Luis Alberto Jaramillo, el ministro de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca de Ecuador, ha cuestionado la supuesta falta de cooperación de Colombia en materia de seguridad fronteriza. Como consecuencia de esta situación, Quito ha implementado un arancel del 30% a las importaciones provenientes del país vecino, lo que ha generado fricciones en los intercambios comerciales.

El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, anunció esta medida, que ha desencadenado una serie de respuestas comerciales desde Bogotá, lo que ha llevado a un debate sobre la viabilidad de mantener relaciones económicas estables entre ambas naciones dadas las circunstancias actuales. No obstante, Jaramillo se ha mostrado optimista acerca del diálogo bilateral, asegurando que las autoridades están comprometidas a fortalecer los operativos conjuntos y el intercambio de información para garantizar la seguridad en la frontera común.

Este enfoque busca no solo proteger la integridad de las comunidades fronterizas, sino también salvaguardar el comercio entre Ecuador y Colombia, dos países cuya relación es crucial para la estabilidad económica y social de la región. La necesidad de colaboración en materia de seguridad se ha vuelto aún más apremiante ante el resurgimiento de la violencia y la actividad criminal en la zona.

En conclusión, la reciente operación militar en Esmeraldas simboliza la determinación de Ecuador por enfrentar a las disidencias de las FARC y erradicar la amenaza que representan para la seguridad en la región. Sin embargo, la solución a estos problemas no solo exige acciones en el ámbito militar, sino también un fuerte compromiso diplomático y comercial que permita abordar las raíces de la violencia y fomentar un desarrollo sostenible en la frontera entre Ecuador y Colombia. La cooperación efectiva entre ambos países será, sin duda, clave para superar los desafíos que presentan los grupos armados y garantizar un futuro más seguro y próspero para sus ciudadanos.

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