Con el apoyo de la comunidad, los integrantes de esta organización civil salvaguardó la libertad de estas personas.
En un reciente suceso que resalta la importancia de la lucha indígena y la defensa de los derechos humanos, Mauricio Capaz, líder comunero nasa del Cauca, confirmó la liberación de la senadora Aída Quilcué. Este acto heroico fue llevado a cabo por la guardia indígena después de que la congresista fuera secuestrada por un grupo armado ilegal durante su trayecto entre los municipios de Inzá y Totoró.
La liberación de la senadora y su equipo fue posible gracias a la rápida reacción de las comunidades indígenas, quienes se organizaron inmediatamente para establecer un control territorial en respuesta al alarmante suceso. Esta acción destaca no solo la capacidad organizativa de las comunidades, sino también su compromiso con la protección de sus líderes y la seguridad de los pueblos ancestrales.
El contexto de este incidente se sitúa en una región donde los grupos armados ilegales buscan expandir su influencia mediante la violencia. Las comunidades indígenas, conscientes de los riesgos que enfrentan, han creado estructuras de autoprotección, como la guardia indígena, para salvaguardar su integridad y sus derechos. La inclusión de la senadora Quilcué en esta situación pone de relieve la vulnerabilidad de los líderes sociales en un entorno marcado por la violencia y la impunidad.
Es importante recordar que el esposo de Aída Quilcué, Edwin Legarda, fue víctima de un ataque mortal en 2008, un doloroso recordatorio del costo real que la violencia trae consigo. Este trágico antecedente acentúa la necesidad de que las comunidades y organizaciones civiles adopten medidas de protección efectivas. Ello también enfatiza la urgencia de abordar la violencia sistemática que afecta a líderes sociales e indígenas en Colombia.
El caso de Aída Quilcué no es un hecho aislado, sino parte de un patrón más amplio de violencia y resistencia en el departamento del Cauca. La intervención de la guardia indígena en su liberación señala no solo su eficacia, sino también su disposición a actuar frente a situaciones de crisis. A través de esfuerzos coordinados, estas organizaciones están desafiando la narrativa que relegaba a las comunidades a merced de fuerzas externas, reafirmando así su autonomía y derecho a la auto-protección.
Esta situación pone de manifiesto una lección vital sobre la necesidad de fortalecer la participación de los pueblos indígenas en la construcción de paz y seguridad en el país. Al otorgarles herramientas y espacios de participación, se propicia un entorno donde sus voces sean escuchadas y sus decisiones respetadas. En definitiva, el papel de la guardia indígena y de líderes como Mauricio Capaz es fundamental en la lucha por la justicia y el reconocimiento de los derechos humanos en Colombia.

