La milicia yemení lanzó su primer ataque contra Israel en medio del conflicto regional, mientras crece el riesgo de bloqueos en rutas marítimas clave como Bab al Mandeb, con posibles impactos en el comercio internacional.



La guerra en Oriente Próximo, que el expresidente estadounidense Donald Trump ha calificado como “casi terminada”, continúa ampliándose con la entrada de un nuevo actor armado.

A un mes de los primeros bombardeos liderados por Estados Unidos e Israel —en los que murieron altos mandos iraníes, incluido Ali Jameneí—, el conflicto suma ahora a los rebeldes hutíes de Yemen.

Esta milicia, respaldada por Irán pero con autonomía operativa, anunció su primera ofensiva directa contra Israel, abriendo así otro frente en la confrontación. Más allá del impacto militar, crece la preocupación por su capacidad de afectar rutas marítimas clave, especialmente el estrecho de Bab al Mandeb, un paso estratégico que podría sumarse a las tensiones en el estrecho de Ormuz.

El portavoz militar hutí, Yahya Saree, explicó que la incursión responde al respaldo a Irán y a los grupos aliados en la región, como los presentes en Líbano, Irak y Palestina. Según afirmó, las operaciones continuarán hasta que cesen las acciones militares contra estos actores, a los que denominan “frentes de resistencia”.

De acuerdo con el grupo, su primer ataque consistió en el lanzamiento de misiles balísticos contra objetivos estratégicos en territorio israelí. Sin embargo, el Ejército de Israel reportó la detección de un solo misil dirigido al sur del país, el cual fue interceptado tras la activación de las alarmas en la ciudad de Beersheba. Las autoridades no confirmaron daños adicionales, en parte debido a restricciones informativas sobre posibles impactos en instalaciones militares.

Horas antes del ataque, Saree había advertido públicamente sobre una posible intervención directa, señalando que estaban listos para actuar en cualquier momento.

Los hutíes consolidaron su control sobre gran parte del noroeste de Yemen, incluida la capital Saná, desde 2024, lo que les permite proyectar ataques a larga distancia, incluso contra Israel, ubicado a unos 2.000 kilómetros. Además, su posición geográfica les facilita amenazar bases militares estadounidenses y embarcaciones en la región del Golfo.

En este contexto, voceros del grupo han reiterado la posibilidad de bloquear el estrecho de Bab al Mandeb, una vía clave para el comercio global, ya que conecta el mar Rojo con el canal de Suez, ruta fundamental para el tránsito de mercancías entre Asia y Europa.

No es la primera vez que los hutíes afectan la navegación internacional. Entre finales de 2023 y comienzos de 2025, llevaron a cabo ataques contra más de 200 buques comerciales, causando daños a decenas de embarcaciones y el secuestro de al menos una. Estas acciones coincidieron con la ofensiva israelí en Gaza, que dejó decenas de miles de víctimas.

Durante ese periodo, también lanzaron ataques esporádicos contra Israel con misiles y drones. Aunque la mayoría fueron interceptados, uno logró impactar cerca del aeropuerto internacional Ben Gurión, en las inmediaciones de Tel Aviv, generando alarma en la población.

La incorporación de los hutíes al conflicto añade presión a una región ya altamente volátil y refuerza el riesgo de una escalada con efectos no solo militares, sino también económicos a nivel global.

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