La diferencia porcentual entre los candidatos refleja una contienda ajustada, en la que ambos aspirantes buscan fortalecer sus apoyos antes de la segunda vuelta.



Los candidatos presidenciales Abelardo De la Espriella y Iván Cepeda cerraron este domingo sus actos públicos de campaña de cara a la segunda vuelta del próximo 21 de junio, cuando Colombia elegirá al sucesor del presidente Gustavo Petro para gobernar el país durante los siguientes cuatro años. Cada uno eligió un escenario cargado de simbolismo para despedir la fase pública de la campaña, que a partir de ahora solo podrá continuar mediante actos privados durante la semana final antes de los comicios.

De la Espriella, candidato del movimiento Defensores de la Patria y figura que encarna la propuesta de ultraderecha en esta contienda electoral, escogió a Buga, Valle del Cauca, como el escenario de su cierre de campaña. La ciudad, sede de la Basílica Menor del Señor de los Milagros, uno de los principales centros de peregrinación religiosa del país, fue el telón de fondo desde el que el candidato se dirigió a sus seguidores y denunció lo que describió como una presunta persecución política contra sus votantes en la recta final de la campaña.

Por su parte, Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico y representante de la izquierda política colombiana, eligió el municipio de Soledad, en el área metropolitana de Barranquilla, para dar cierre a su gira pública. Ante sus seguidores, Cepeda expresó confianza en el resultado del 21 de junio y aseguró contar con las mejores condiciones para disputar la presidencia. «Tengo el mejor programa y la causa justa», afirmó el candidato, en un mensaje que buscó galvanizar a su electorado en la recta final de una campaña marcada por la polarización.

El cierre de la fase pública de la campaña llega en un momento de alta tensión política. Los sondeos más recientes ubican a De la Espriella con el 48,6% de la intención de voto, frente al 44,7% que registra Cepeda, una diferencia que, de mantenerse hasta el día de las elecciones, daría la victoria al candidato de Defensores de la Patria en la primera vuelta de la segunda vuelta. Sin embargo, analistas políticos advierten que el margen sigue siendo suficientemente estrecho como para que cualquier movilización diferencial del electorado pueda cambiar el resultado.

La campaña presidencial ha estado marcada además por la injerencia externa, en particular por el respaldo público que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha expresado abiertamente hacia la candidatura de De la Espriella. El mandatario norteamericano ha elogiado al candidato colombiano en sus redes sociales y ha dejado entrever que una eventual presidencia de De la Espriella sería favorable para las relaciones bilaterales entre los dos países, señalamientos que han generado debate sobre la influencia de Washington en el proceso electoral colombiano y que han sido cuestionados por sectores políticos y académicos que consideran inapropiada la intervención de un gobierno extranjero en los asuntos internos del país.

Cepeda, por su parte, ha intentado capitalizar ese debate para presentar su candidatura como la opción de soberanía y autonomía frente a lo que su campaña describe como una presión foránea sobre el electorado colombiano. El candidato del Pacto Histórico ha apelado al legado social del gobierno Petro y ha prometido continuar y profundizar las políticas de redistribución, reforma agraria y paz que han caracterizado a la administración saliente.

Con los actos públicos de campaña concluidos, ambas fuerzas políticas concentrarán sus esfuerzos en la movilización de sus bases durante la semana previa al 21 de junio, en un contexto donde la participación ciudadana será determinante para definir el ganador. Las organizaciones electorales y los organismos de seguridad ya tienen desplegados sus operativos para garantizar unas elecciones transparentes y en orden en todo el territorio nacional.

El próximo domingo, Colombia decidirá en las urnas quién asumirá la presidencia el 7 de agosto, en lo que promete ser uno de los cierres electorales más reñidos y polarizados de las últimas décadas en el país.

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