Donald Trump amenaza con bombardear a su antiguo aliado Omán, que dialoga con Teherán para una reapertura del estrecho de Ormuz, el principal escollo en las negociaciones.
El memorando de entendimiento que Estados Unidos e Irán firmaron el 17 de junio con el propósito de intentar cerrar la guerra ha caducado este lunes 17 de agosto, al cumplirse los dos meses pactados, en medio de nuevos reproches cruzados entre ambos adversarios y una gran incertidumbre sobre cuándo y de qué manera podría retomarse un conflicto que arrancó el 28 de febrero, que se encuentra estancado y que no muestra ningún indicio de llegar a su fin. Ninguna de las dos partes parece lamentar el fin de un pacto que jamás llegó a materializarse plenamente.
En varias declaraciones realizadas desde el Despacho Oval, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump,rechazó prorrogar el memorando que había presentado con enorme entusiasmo dos meses atrás. Asimismo, ha repetido que, a su juicio, Irán sí quiere alcanzar algún tipo de entendimiento, pero que no está dispuesto a aceptar las condiciones que él exige. “Ellos quieren llegar a un acuerdo, pero no van a cerrar el tipo de acuerdo que yo considero necesario”, ha afirmado.
Con el conflicto atascado y sin visos de resolución, con los precios energéticos más elevados que hace seis meses y con unos niveles de aprobación cada vez más débiles —una encuesta de Reuters divulgada este lunes le asigna un 33% de respaldo, el nivel más bajo de su segundo mandato—, el mandatario estadounidense ha decidido aferrarse a sus posturas. No solo insiste en que no cederá, sino que amplía sus amenazas incluyendo ahora a Omán, país aliado de Washington, al que advierte con bombardearlo “con dureza” si continúa acercándose a Irán para negociar un esquema conjunto de peajes en el estrecho de Ormuz.
“Si [Omán] se interpone en nuestro camino, les bombardearemos sin piedad”, había dicho Trump a primera hora del lunes en una entrevista telefónica con un periodista de Fox News, su cadena de televisión favorita, según relató el propio reportero, Trey Yingst, corresponsal en Tel Aviv. En sus intervenciones posteriores desde el Despacho Oval, el presidente no matizó sus palabras. “No se están portando demasiado bien”, señaló.
Estas amenazas del mandatario llegan solo diez días después de que autoridades iraníes y omaníes anunciaran que estaban a punto de cerrar un acuerdo para administrar el tráfico marítimo por Ormuz, un paso marítimo sobre el que recae el doble bloqueo impuesto por Irán y por Estados Unidos.
No es la primera ocasión en que Trump amenaza a Omán, nación que tomó parte en las negociaciones de paz anteriores a la guerra y que había sido considerada como posible sede para las conversaciones previstas en el memorando que venció este lunes. El republicano ya se había mostrado agresivo con su aliado árabe en mayo, cuando Irán amagaba con establecer peajes permanentes en el estrecho y buscaba a su vecino de enfrente para crear un mecanismo compartido.
Pero sí es la primera vez que el presidente estadounidense se dirige a Omán en estos términos desde que él y su contraparte iraní, Masud Pezeshkián, firmaran el memorando que fijaba una tregua de 60 días, plazo en el que debían avanzar las conversaciones hacia una paz duradera y, en especial, resolver el futuro del estrecho de Ormuz, esencial tanto para el sector energético mundial como para la economía global.
También es la primera vez que lo hace en un momento en que los acercamientos entre Omán e Irán respecto a Ormuz parecen aproximarse a su etapa final. Las autoridades iraníes han reiterado este lunes que el acuerdo para gestionar el tránsito marítimo por el estrecho está a punto de cerrarse, y han señalado que ya existe entendimiento con su vecino sobre las rutas de navegación. No obstante, han precisado que aún trabajan en concretar un pacto más completo, con medidas específicas y una declaración conjunta.
“Hay un entendimiento sobre el mapa de rutas de tráfico, pero estamos y vamos a finalizar el entendimiento en forma de un ‘paquete’. Esto es, el mapa más una declaración conjunta”, ha explicado en rueda de prensa el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei.
El vencimiento del memorando no altera la situación en el terreno. Las cláusulas del acuerdo también preveían la posibilidad de que ambas partes prorrogaran el plazo si así lo decidían.
Un texto lleno de ambigüedades
Tanto Washington como Teherán llevan semanas afirmando que el documento de 14 puntos que generó tanta expectativa en su momento no fue más que letra muerta, y ambos gobiernos se han cruzado responsabilidades por su fracaso.
Un fracaso que se hizo evidente casi de inmediato. La prisa por alcanzar algún tipo de pacto, la impaciencia de Trump por presentar una salida a una guerra que le resulta tediosa y le perjudica en las encuestas, las enormes distancias entre las posiciones de los gobiernos enfrentados y la ilusión de que todo podría resolverse posteriormente durante las conversaciones detalladas dieron como resultado un documento breve y sumamente impreciso.
Esa falta de precisión provocó que se multiplicaran los desacuerdos: sobre qué debía aplicarse y, en particular, sobre cómo llevarlo a la práctica. Esto abarca desde el levantamiento de sanciones y el pago de un fondo de reconstrucción a Irán de al menos 300.000 millones de dólares (unos 260.000 millones de euros), hasta el cese de las hostilidades en el sur del Líbano ocupado por Israel, sin dejar de lado el compromiso iraní de no desarrollar armamento nuclear.
Como era previsible, el obstáculo principal continúa siendo el estrecho de Ormuz: el presidente estadounidense sostiene que debe permanecer abierto sin condiciones, mientras que Irán defiende que el control final de ese punto estratégico le corresponde a él, amparado en el punto quinto del memorando. Por ello, considera que las embarcaciones que lo cruzan deben ajustarse a las rutas que la República Islámica estime pertinentes. Las fuerzas iraníes han atacado a buques mercantes que no han cumplido con esa exigencia, y las tropas estadounidenses han respondido con bombardeos contra objetivos iraníes, que Teherán a su vez ha replicado con ataques a bases estadounidenses en países árabes vecinos.
La semana anterior, las fuerzas estadounidenses dispararon contra un carguero de bandera panameña que trataba de evadir el bloqueo impuesto por Washington. Fue un episodio más dentro de un ciclo de ataques y represalias que se repite casi cada semana, que generalmente inicia con un acto hostil por parte de alguno de los dos ejércitos y termina en un mensaje de Trump en redes sociales —seguido de una respuesta de algún portavoz iraní en Teherán—, en el que se combinan las amenazas de bombardeo y uso de la fuerza con el mensaje de que las gestiones diplomáticas progresan y de que un acuerdo está próximo a lograrse.
El viernes, Scott Bessent, secretario del Tesoro de Trump, afirmó que impondrá nuevas sanciones para castigar económicamente a Irán, aunque no queda claro si esa presión podrá incrementarse de forma relevante: el régimen ya soporta un cúmulo de sanciones económicas, la relación comercial es prácticamente nula y Teherán ha demostrado a lo largo de seis meses de conflicto que está dispuesto a soportar los costos económicos antes que someterse a su rival. Por su parte, el republicano amenazó con declarar el estrecho de Ormuz territorio estadounidense. De manera casi simultánea, el jefe del ejército iraní, general Amir Hatamí, anunció una recompensa de 30.000 dólares por la muerte o captura de soldados estadounidenses.
El presidente estadounidense insiste en que no tiene ninguna prisa y sostiene que dará por vencido al país rival. Su objetivo, dice, es asegurarse de que Irán jamás pueda desarrollar un arma nuclear. “La meta número uno es, y siempre será, que Irán no pueda tener un arma nuclear de ninguna manera, modo o forma”, escribió este lunes en un mensaje publicado en Truth, su red social.
En su conversación con el periodista de Fox, el mandatario también manifestó su opinión de que Irán “debe ondear la bandera blanca de la rendición”.

