El bombardeo ejecutado en zona rural de Guapi dejó diez presuntos integrantes del ELN muertos, entre ellos dos señalados cabecillas.


 


Las comunidades campesinas y étnicas del suroccidente del Cauca permanecen en máxima alerta ante la intensificación de las operaciones militares y los ataques armados registrados en esta región del país. La muerte de diez presuntos integrantes del Ejército de Liberación Nacional (ELN), durante un bombardeo en zona rural de Guapi, reavivó el temor de los habitantes frente a posibles retaliaciones y nuevos enfrentamientos entre la Fuerza Pública y las organizaciones ilegales que se disputana el control territorial.

La preocupación se extiende por municipios como El Tambo, Guapi y Argelia, así como por otros sectores del departamento, incluida Popayán, donde persiste la incertidumbre por el alcance que pueda tener esta escalada del conflicto.

Aunque el presidente Abelardo de la Espriella presentó la operación como un importante golpe contra la estructura del ELN, las comunidades que habitan en zonas apartadas advierten que son ellas las que deben afrontar directamente las consecuencias de una confrontación que amenaza su tranquilidad, movilidad y seguridad.

El mandatario anunció en sus redes sociales los resultados de la denominada Operación Ónix, desarrollada por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional en zona rural de Guapi, Cauca.

“¡El golpe más duro de los últimos ocho años contra el ELN!”, expresó De la Espriella al informar que diez presuntos integrantes de esa organización murieron durante el desarrollo de las operaciones militares.
Según el reporte gubernamental, entre los fallecidos estarían alias ‘Marcos Pacífico’ y alias ‘Ochenta’ o ‘Murillo’, señalados como integrantes de la estructura de mando de esa guerrilla.

La intervención también permitió la incautación de siete fusiles, una pistola y dos granadas. Además, las autoridades reportaron el hallazgo de un área campamentaria con capacidad para albergar aproximadamente a 25 personas, lo que evidencia la presencia de una estructura armada en el sector intervenido.

El Gobierno sostiene que el resultado afecta la capacidad de combate y la cadena de mando del ELN, organización que mantiene presencia en distintos puntos del suroccidente colombiano y que busca conservar corredores estratégicos hacia la costa pacífica.

“Con este resultado debilitamos la cadena de mando, la capacidad de combate y las estructuras criminales que pretenden controlar territorios y corredores estratégicos hacia el Pacífico colombiano”, manifestó el presidente.

El jefe de Estado también aseguró que las operaciones contra los grupos armados ilegales continuarán y reiteró su respaldo a los integrantes de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional que participan en estas acciones.

Sin embargo, en las zonas rurales donde persiste la confrontación, el resultado militar ha estado acompañado de preocupación por las posibles consecuencias para la población civil.

La presencia del ELN en el suroccidente del Cauca se enmarca en una dinámica de conflicto en la que distintas organizaciones armadas buscan controlar territorios, rutas de movilidad y economías ilegales.

En varios sectores de esta región también operan estructuras disidentes de las antiguas Farc, entre ellas grupos vinculados al bloque occidental bajo el mando de alias Iván Mordisco. La disputa entre estas organizaciones aumenta los riesgos para las comunidades que viven en áreas rurales y corredores de conexión con el Pacífico.

Las dificultades de acceso, las distancias entre los centros poblados y la presencia limitada de instituciones en algunos territorios complican la respuesta ante emergencias y la protección de los habitantes.

En este contexto, la operación militar en Guapi ha despertado inquietud sobre la posibilidad de nuevas acciones armadas. Aunque no se ha establecido de manera concluyente que los ataques posteriores sean una retaliación directa por el bombardeo, la secuencia de hechos ha reforzado el temor de las comunidades.

Uno de los episodios más graves se registró el 23 de octubre de 2026 en Guapi, municipio de la costa pacífica caucana, donde una patrulla de la Armada Nacional fue atacada con drones que transportaban explosivos.

De acuerdo con la información divulgada por la Coordinación de Consejos Comunitarios y Organizaciones de Base del Pueblo Negro de la Costa Pacífica del Cauca (Cococauca), el ataque ocurrió aproximadamente a las 9:52 de la mañana, entre las veredas Temuey y Sansón, en jurisdicción del Consejo Comunitario Guapi Abajo.

La acción estuvo dirigida contra una lancha del Batallón Fluvial de Infantería de Marina N.° 42 y dejó como resultado la muerte del infante de marina Edwin Andrés Vargas Londoño y cuatro uniformados heridos, según los reportes conocidos.

La explosión sorprendió a los habitantes de las comunidades cercanas, que escucharon la detonación en un sector próximo al área urbana. La situación generó especial preocupación porque el río Guapi es una vía fundamental para el transporte de personas y productos entre las comunidades rurales, la cabecera municipal y otros territorios.

Un habitante que transitaba cerca del río relató a Cococauca el temor que sintió al escuchar la explosión.

“Yo escuché el ‘traca cun’ (explosión) y corrí para mi casa a ver la vida de mis hijos; cuando suceden esas cosas, los niños se espantan más que uno”, expresó, según el testimonio divulgado por la organización.

Cococauca advirtió que el ataque ocurrió en un territorio habitado por comunidades étnicas donde viven niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores. Algunas de estas poblaciones se encuentran a pocos minutos de la zona urbana y dependen del transporte fluvial para sus actividades cotidianas.
La organización manifestó su preocupación por la agudización de la guerra en territorios étnicos de especial protección constitucional y por las consecuencias que la violencia puede ocasionar en la salud emocional y la vida comunitaria.

El temor a nuevos ataques, las explosiones y la incertidumbre frente a la presencia de actores armados afectan la tranquilidad de las familias y pueden dificultar el desplazamiento por los ríos, una actividad esencial para las comunidades.

Ante este panorama, Cococauca destacó también el papel de la medicina tradicional ancestral de las comunidades negras y de los llamados “curanderos de espanto”, sabedores que contribuyen a atender las afectaciones emocionales y preservan prácticas culturales propias de estos territorios.

La organización insistió en que la población permanece en alerta por los riesgos que representan las acciones armadas para la vida y la integridad de sus habitantes.

Mientras el Gobierno destaca los resultados de la Operación Ónix como un golpe contra el ELN, en el suroccidente del Cauca las comunidades siguen pendientes de la evolución del conflicto. La protección de la población civil, la prevención de nuevos ataques y las garantías para la movilidad de los habitantes se mantienen como desafíos urgentes en una región donde la guerra continúa alterando la vida cotidiana.

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