Más de cinco millones de hispanos y latinos ya han votado por adelantado, lo que aumenta su participación hasta el 12% del total, desde el 8% de 2022.
Las elecciones del 3 de noviembre, que definirán quién controla el Congreso y, con ello, el rumbo de los dos últimos años del mandato de Donald Trump, tienen un protagonista inesperado: el electorado latino. Una comunidad que históricamente se ha caracterizado por su alta abstención está acudiendo a las urnas en cifras nunca vistas, y las encuestas apuntan a que buena parte de quienes respaldaron a Trump en 2024 ahora se inclinan por retirar su apoyo a los candidatos republicanos.
A cuatro días de los comicios, más de 41 millones de estadounidenses ya habían votado por adelantado, nueve millones más que los 32 millones registrados en las elecciones de medio mandato de 2022. De ese total, 5,2 millones corresponden a votantes latinos, es decir, el 12,75% de las boletas emitidas, según datos divulgados por la organización Voto Latino. En el mismo punto de la campaña de 2018, los hispanos apenas representaban el 8% del voto anticipado. En contraste, la proporción de votantes blancos descendió del 77% al 69% en ese mismo periodo.
«Es el tsunami que Voto Latino lleva mucho tiempo pronosticando», afirmó María Teresa Kumar, presidenta de la organización, al presentar las cifras.
Los votantes hispanos constituyen al menos el 20% del electorado registrado en cerca de dos docenas de contiendas reñidas para la Cámara de Representantes en Arizona, California, Colorado, Florida, Pensilvania y Texas, entre otros Estados, y podrían definir varias carreras por el Senado. The New York Times los identifica como el grupo de indecisos que determinará el resultado.
Texas es el caso más ilustrativo. Allí los latinos han duplicado su participación respecto a 2018: si entonces, a cuatro días de la elección, habían emitido 847.000 votos, este año ya suman 1,75 millones, el 28% del total, frente al 20% de 2022 y el 17% de 2018. En ese Estado, donde el 40% de la población es hispana, se disputa uno de los escaños más competitivos del Senado entre el demócrata James Talarico y el republicano Ken Paxton, mientras que la latina Gina Hinojosa busca arrebatar la gobernación al republicano Greg Abbott.
La relevancia de Texas ha llevado al presidente a visitarlo tres veces en el último mes. Del lado demócrata, el Comité del Partido para la Cámara de Representantes (DCCC) ha invertido más de un millón de dólares solo en el sur del Estado para llegar a los votantes latinos mediante publicidad dirigida a la comunidad, según explicó Suzan DelBene a EL PAÍS. En el Distrito 15, donde el 80% de la población es latina y Trump ganó en 2024, el demócrata Bobby Pulido enfrenta a la republicana Mónica de la Cruz en una contienda que podría reflejar el desencanto de quienes votaron por el republicano hace dos años.
De la esperanza al desencanto
Dos razones impulsaron el giro latino hacia Trump en 2024: la expectativa de una mejora económica y la promesa de expulsar a los migrantes con antecedentes criminales. Hoy, esos mismos factores juegan en su contra. El alto costo de la vida, que golpea con mayor fuerza a una comunidad mayoritariamente de clase trabajadora, y las detenciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), percibidas como marcadas por el racismo, se han convertido en los grandes motores de la movilización. «Para los latinos, lo que está en juego no es algo abstracto; es algo absolutamente personal», sostiene Kumar.
Las cifras lo confirman. Según el informe Times Voter Trends, Trump obtuvo el respaldo del 44% de los votantes hispanos en 2024, frente al 28% de 2016. En la encuesta más reciente, ese apoyo cayó al 31%.
Héctor Barba, presidente de Mi Familia Vota, asegura que se trata del mayor entusiasmo registrado en tres décadas. «Cuando hay olas antinmigrantes tan fuertes, los latinos se involucran y cambian la perspectiva política», explica, y recuerda el precedente de California tras la Proposición 187 de 1994, que buscaba negar servicios públicos a los migrantes indocumentados. «Ahorita estamos viendo todos los indicios similares en Texas», añade.
Por primera vez, Mi Familia Vota se unió a LULAC, UnidosUS y Latino Victory en la coalición Vamos a Votar, que destinó 22,1 millones de dólares a registrar, informar y movilizar votantes latinos, uno de los mayores esfuerzos coordinados de este ciclo electoral. El tono, reconoce Barba, es más combativo que en ocasiones anteriores: «No hay una alineación con el Partido Demócrata, pero sí contra Donald Trump, que se ha vuelto el enemigo número uno de los latinos».
La participación hispana siempre ha estado por debajo del promedio. En las midterms de 2022 votó apenas el 37% de los latinos, frente al 52% general, según el Censo; en las presidenciales de 2024, su abstención fue del 50%, frente al 34% total. Entre las causas figuran la sensación de no ser tenidos en cuenta por las campañas, la falta de representación en el Congreso, la complejidad del registro, la desconfianza al entregar datos personales y la barrera del idioma.
Esta vez, sin embargo, el panorama es distinto. Janet Soto, tatuadora cubana de 32 años radicada en Estados Unidos desde 2012, cuenta que ha recibido una cantidad inusual de llamadas de grupos demócratas de Florida preguntándole si conoce las fechas y los lugares de votación. Soto votará por David Jolly, el candidato demócrata a gobernador, exrepublicano y abiertamente antitrumpista, tras pasar seis meses luchando por la liberación de su pareja, el artista y activista cubano Denis Cabrera Rodríguez, retenido en el centro de Krome pese a padecer diabetes. «Vivimos las peores atrocidades, abusos de todo tipo. Y no somos un caso aislado», relata. Para ella, votar es la única herramienta disponible para hacerles frente.
Un análisis de Pew Research del 16 de octubre refuerza esa percepción: el 53% de los latinos se declara sumamente motivado para votar, frente al 41% de hace cuatro años, y el 45% afirma haber reflexionado mucho sobre estas elecciones, frente al 24% de 2022.
Los latinos son el grupo electoral de mayor crecimiento: más de cuatro millones de hispanos estadounidenses alcanzaron la mayoría de edad desde las últimas elecciones. Aunque los jóvenes suelen abstenerse más, en Texas ya han superado su participación de las presidenciales de 2024 en unos 65.000 votos, pasando de 240.000 a 305.000.
Además de la economía y la política migratoria, este segmento incorpora preocupaciones como el medioambiente o la situación en Gaza. Pero el sentimiento de fondo es compartido. «Yo vengo de un país donde hay una dictadura, sé cómo funcionan y he vivido toda mi vida pensando que Estados Unidos es el país de la libertad, de las oportunidades, donde se respetan los derechos humanos», lamenta Soto. «Este mandato ha hecho que todas esas cosas que uno tomaba por sentadas se estén desdibujando preocupantemente».
Si la tendencia del voto anticipado se mantiene, la participación latina podría alcanzar niveles inéditos, incluso superiores a los de unas elecciones presidenciales. El 3 de noviembre se sabrá si el «tsunami» anunciado se convierte en realidad.

