Familiares y colegas han expresado su preocupación tras el homicidio del comunicador, quien era reconocido por su labor informativa en el área judicial.


Han pasado cuatro días desde el asesinato del periodista Cristian Hernando Herrera Nariño en el barrio Quinta Oriental de Cúcuta, y el dolor de su familia sigue siendo tan agudo como el momento en que ocurrió el crimen. Su esposa, Karla Niño, rompió el silencio para reconstruir con detalle los instantes de terror que vivió junto a su hija el sábado 6 de junio, cuando un sicario llegó en motocicleta y le arrebató la vida al comunicador ante los ojos de su familia.

Karla Niño reveló que ese sábado habían salido a realizar algunas diligencias familiares antes de dirigirse a la vivienda de la madre del periodista. «Para nosotros era un sábado de descanso, era estar en casa, no salir, compartir los dos el espacio con el niño, con mi hija. Íbamos a estar en casa y se presentó algo que se nos había olvidado», relató. elpais

Al llegar al lugar, ocurrió el ataque. En medio de la confusión, Karla inicialmente pensó que se trataba de otro tipo de sonidos, hasta que observó la reacción de su esposo. «Él dijo: ‘Me mataron, me mataron’, así con una cara terrible. Yo estaba a unos metros, mi hija estaba frente a él, yo veo que él cayó, mi hija trató en una acción desesperada de correr detrás del sicario y yo le grité que se detuviera porque el tipo nos apuntó», contó.

La imagen del agresor huyendo con total impunidad quedó grabada en su memoria. «El tipo nunca se bajó de la moto, salió despacio, con la mayor tranquilidad, después de haber cometido ese acto tan atroz», describió la mujer, cuyas palabras reflejan la frialdad con la que fue ejecutado el crimen.

Varias personas ayudaron a trasladar al periodista a un centro asistencial, pero los esfuerzos médicos no lograron salvarle la vida. «Es el momento más difícil que he podido vivir en mi vida», expresó Karla Niño. elpais

Uno de los aspectos más dolorosos del relato de la esposa es la advertencia que Cristian Herrera había hecho en vida sobre los riesgos que corría su familia. El comunicador había solicitado en varias ocasiones que las medidas de protección que tenía asignadas también cobijaran a su núcleo familiar, pero esa petición nunca fue atendida. «Él siempre había pedido que fuera extensiva a su familia, pero nunca lo habían hecho. Siempre era para él», manifestó Karla.

La esposa del comunicador describió a Cristian como un periodista valiente y apasionado por su trabajo. «Él era muy inquieto en investigar y contar con valentía lo que estaba pasando acá en la región. Para él, él era un peligro, y pues también estaba su familia, por lo que pedía que la protección se extendiera al grupo familiar, pero en las evaluaciones solamente se lo asignaban a él», contó.

Cristian Herrera dedicó gran parte de su trayectoria periodística a cubrir hechos relacionados con la seguridad y el conflicto en Norte de Santander, una labor que desempeñó durante años en una de las regiones más complejas del país. Su trabajo lo había convertido en una figura reconocida en el gremio periodístico de Cúcuta, especialmente por la valentía con la que abordaba temas de orden público y judicial en un territorio marcado por la violencia y la presencia de grupos armados ilegales.

Las autoridades han avanzado en la investigación del crimen. Tres presuntos implicados, identificados como alias Demonio, Wilmer y Angélica, fueron capturados en el marco de la operación Dignidad, adelantada por la Policía Metropolitana de Cúcuta, la Fiscalía, el CTI, la Sijín y el Gaula. Los capturados tendrían vínculos con la estructura delincuencial La Familia P, y deberán responder por los delitos de homicidio y concierto para delinquir.

El asesinato de Cristian Herrera ha generado una ola de rechazo entre organizaciones de libertad de prensa, colegas y ciudadanos, que exigen justicia y reclaman al Estado garantías reales para el ejercicio del periodismo en regiones donde informar puede costar la vida. Su familia, mientras tanto, trata de sobreponerse al dolor de una pérdida que llegó sin aviso un sábado que debía ser de descanso.

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