La frase » y la presencia de la religión en actos del Gobierno colombiano hacen parte del sello que el presidente, Abelardo de la Espriella, está imponiendo a su mandato, lo que ha abierto un debate sobre si el mandatario está vulnerando la neutralidad religiosa del Estado.


Una frase de profundo arraigo religioso y turbulenta trayectoria política encendió el debate en Colombia. El presidente Abelardo de la Espriella la convirtió en su sello personal de gobierno, pero su historia va mucho más allá de las fronteras colombianas.

La expresión «¡Viva Cristo Rey!» no nació en un palacio presidencial ni en un congreso político. Su origen más documentado se remonta a México, en el contexto de la llamada Guerra Cristera, uno de los capítulos más cruentos del conflicto entre el Estado mexicano y la Iglesia Católica durante la década de 1920.

Los llamados cristeros utilizaron «¡Viva Cristo Rey!» como una expresión de fidelidad religiosa y resistencia frente al poder estatal. La frase quedó especialmente vinculada a los relatos sobre los católicos ejecutados durante la persecución religiosa.

Entre los nombres más conocidos están el sacerdote Miguel Pro y José Sánchez del Río, un joven que murió fusilado durante el conflicto y cuya figura posteriormente fue incorporada al santoral católico.

La expresión fue escuchada por primera vez el 6 de enero de 1914, cuando se consagró la Patria del Sagrado Corazón de Jesús en la Catedral Metropolitana de México.

El papa Pío XI proclamó indulgencia plenaria a los mexicanos que murieran en campo de batalla gritando «¡Viva Cristo Rey!». El papa Pío XI y la consagración litúrgica.

En 1925, el papa Pío XI tuvo un papel fundamental en la expansión de la devoción a Cristo Rey. Mediante la encíclica Quas Primas, publicada el 11 de diciembre de ese año, instituyó la fiesta litúrgica de Cristo Rey para toda la Iglesia.

Sin embargo, el texto papal no establece «¡Viva Cristo Rey!» como una consigna. Pío XI habla de la «realeza de Cristo», de su «reino» y de Jesucristo como Rey y Señor, y recuerda que la Iglesia ya utilizaba esos títulos en su liturgia. Es decir, la exclamación como grito político y de combate es una construcción popular, no una fórmula pontificia.

De México a España: Franco la adoptó como suya

La historia de la expresión también llegó a España, donde terminó adquiriendo una fuerte carga política. Antes de la Guerra Civil, «¡Viva Cristo Rey!» ya estaba vinculada con el tradicionalismo y el carlismo, movimientos que defendían una concepción profundamente católica de la sociedad y de la política.

Con el ascenso del franquismo, la consigna se convirtió en un emblema del régimen.

Según el exministro colombiano Juan Fernando Cristo, «el Viva Cristo Rey es un grito que utilizaba en sus discursos el generalísimo Franco en la dictadura española durante más de 40 años».

En Colombia: Laureano Gómez la popularizó en los años 50. La expresión también tiene raíces propias en la historia política colombiana.

La frase fue utilizada en Colombia por el dirigente conservador Laureano Gómez: «El Viva Cristo Rey lo utilizaba Laureano Gómez en los años 50». Su uso en ese contexto estuvo marcado por la polarización del período conocido como La Violencia, uno de los episodios más sangrientos de la historia nacional.

Cristo explicó que la expresión tiene un origen mucho más antiguo, pero consideró que su utilización política durante determinados periodos le otorgó una carga que no debería ignorarse.

La frase «Viva Cristo Rey» y la presencia de la religión en actos del Gobierno colombiano hacen parte del sello que el presidente Abelardo Gabriel de la Espriella Otero está imponiendo a su mandato, lo que ha abierto un debate sobre si el mandatario está vulnerando la neutralidad religiosa del Estado.

El debate, que tiene ya hasta una demanda judicial, se encargó de azuzarlo el propio De la Espriella en su investidura el pasado 7 de agosto, en la que intervinieron tres religiosos de distintas confesiones, y donde por primera vez gritó «¡Viva Cristo Rey!», un lema que se ha vuelto ya un cierre habitual de sus alocuciones y mensajes en redes sociales.

Pese a que Colombia está constituida como un Estado laico, la transmisión oficial de mando incorporó múltiples manifestaciones espirituales y religiosas, con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y monseñor Francisco Múnera, quienes hicieron llamados por la seguridad y la unidad nacional.

Además, el presidente De la Espriella tuvo que pedir excusas públicas por haber participado en un acto de carácter religioso durante su posesión. El mandatario dijo que se identifica como creyente, es católico y respeta la separación entre la Iglesia y el Estado, y afirmó: «Si este acto pudo generar incomodidad o si ofendió a alguna persona, en mi condición de jefe de Estado ofrezco excusas por ello».Sin embargo, la controversia no terminó allí.

Este nuevo capítulo de controversia ocurrió de forma paradójica durante la alocución presidencial en la que el mandatario debía ofrecer excusas públicas por haber transgredido el principio de neutralidad religiosa del Estado. Al término de ese discurso, el jefe de Estado despidió la transmisión oficial con la mencionada consigna confesional, desatando una inmediata y masiva ola de reacciones en las plataformas digitales.

De acuerdo con la sentencia judicial, los servidores públicos conservan su libertad de culto en el ámbito privado, pero están obligados a mantener una estricta neutralidad del Estado cuando actúan en ejercicio de funciones oficiales. El juzgado enmarcó ese criterio en el carácter laico de Colombia desde la Constitución Política de 1991.

El exministro Juan Fernando Cristo sostuvo que el presidente debería tener en cuenta la responsabilidad que implica utilizar símbolos de este tipo desde la jefatura del Estado, y lanzó «una invitación muy cordial al presidente para que reflexione seriamente sobre la utilización de esos símbolos religiosos y esos símbolos militares en el ejercicio del poder civil en una democracia».

Para el exministro, Colombia no debería regresar a escenarios en los que las diferencias políticas estén acompañadas de confrontaciones de carácter religioso: «Ya suficiente violencia tenemos con los grupos criminales que están azotando el país en distintas regiones para volver a avivar épocas de violencia partidista que obviamente nadie quiere en Colombia».

Lo que comenzó como el grito de fe de un pueblo perseguido en México, transitó por las dictaduras y los conservadurismos más radicales de España y Colombia, y hoy resuena desde la Casa de Nariño. El debate sobre si una frase religiosa puede —o debe— ser el lema de un Estado laico apenas comienza.

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